19 de diciembre 2008 - 00:00

Amplia muestra de Manuel Álvarez

Las estructuras geométricas de Álvarez, regidas por el número, el ritmo, la proporción, son resultado del rigor y el depurado oficio de este artista admirable.
Las estructuras geométricas de Álvarez, regidas por el número, el ritmo, la proporción, son resultado del rigor y el depurado oficio de este artista admirable.
En el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori se exhibe una importante exposición antológica de Manuel Alvarez (Buenos Aires, 1923) con obras realizadas entre 1954 y 2008.
De rigurosa formación junto a Marcos Tiglio, Miguel Carlos Victorica y Emilio Pettoruti, Alvarez asiste a la Facultad de Filosofía y Letras de la que, confiesa, recuerda las clases de griego y latín así como a los cursos de Jorge Romero Brest. Se interesa por la lectura de San Agustín y de Henri Bergson, de allí la frase «El tiempo de San Agustín y el tiempo bersogniano son los conceptos que sigo trabajando hasta ahora», que el arquitecto Alberto Petrina cita al comienzo del texto presentación en el catálogo de la muestra. En 1952 se ha convertido en un pintor abstracto; vivió en París entre 1954 y 1956 donde tomó contacto con Pettoruti y se consustanció con las ideas del matemático rumano Matila Ghyka (1881-1965), autor de exhaustivos estudios de la sección áurea y que influyó en muchos de nuestros artistas concretos. Hacia 1955 se funda la Asociación Arte Nuevo donde coincide con Arden Quin, Blaszko, Tomasello, Vardánega y Villalba.
Pettoruti describe así la pintura de Alvarez: «Exactamente igual a él, callada, limpia, clara, pensada, trabajada .que no hace ruido. hecha con amor de fuego y rango elevado». Su geometría, nos atrevemos a señalar, es resultado de su paz mental y si bien la contemplación demorada es difícil en estos tiempos tan vertiginosos, la obra nos va llevando a ciertos estados donde sólo es necesario quietud y calma. También en tiempos de polución visual, de sobredimensionamiento de productos pictóricos, sus estructuras geométricas regidas por el número, el ritmo, la proporción, invitan también a entrar en armonía con la callada conversación que establecen las formas severas y los colores que exaltan una perfección lograda con rigor y depurado oficio.
Av. Infanta Isabel 555 (frente al Rosedal). Clausura el 8 de febrero de 2009.

Josef Sudek

En el Museo Fernández Blanco se exhibe la exquisita obra de Josef Sudek, fotógrafo checo (1896-1976) que puede compararse con los clásicos mundiales de la fotografía del siglo XX y cuya historia personal es una de las claves de su obra. El fallecimiento de su padre a temprana edad, los sacrificios de su madre y hermana, la pérdida de su mano derecha en la Primera Guerra Mundial conformaron una personalidad indiferente a todo convencionalismo.
Bajo la curaduría del director del Museo, Jorge Cometti, y de Leila Makarius se exhiben 61 fotografías de diferentes períodos de su vida en los que fotografió una Praga nocturna, misteriosa y que convirtió en más misteriosa aún, así como la de la periferia y la de sus bosques. Precisamente en la Praga ocupada por Hitler empezó a fotografiar la ventana de su estudio; lo atraía la superficie acristalada, las sombras de la realidad que se proyectaban sobre el vidrio. «Ventana de mi estudio» (1940-1954), opacada por la lluvia pero a través de la que se percibe la naturaleza exterior, un vaso de agua con una rosa con una luz de carácter metafísico, los árboles, también un tema dominante pero en general muertos o quebrados de los bosques de Beskydy y con los que se sentía identificado.
Entre las fotografías que uno quisiera poseer están «Naturaleza muerta con hojas secas» (1956) o «Naturaleza muerta según Caravaggio» (1959), por su luz que fue el gran tema de este artista. Ediciones Lariviere ha publicado un excelente catálogo que ilustra esta muestra. Las fotografías que pertenecen a distintas etapas de su creatividad-

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