Periodista: ¿Por qué, luego de unos 15 años, decidió retomar la fórmula de su novela autobiográfica "Nuestros años verde olivo" para contar su experiencia posterior "Detrás del Muro"?
Roberto Ampuero: Me decidí a completar un círculo que tuvo que ver con la época de mi exilio durante la dictadura de Pinochet. Algo que comenzó con "Nuestros años verde olivo", donde narro mi experiencia en la Cuba de Fidel Castro, que apareció en 1999. Sentí necesidad de completar eso con lo que fue ir a vivir durante un par de años en Alemania Oriental. Pero, cosas de la vida, no tenía tiempo en ese momento para escribir esa memoria, que era imprecisa pero clara. Además, para precisar el recuerdo había una condición, instalarme en Berlín para mirar desde la actualidad aquella época. Fui hace dos veranos y me instalé en un departamento en la zona que pertenecía antes a aquella Alemania Oriental triste y gris. A partir de allí indagué cómo había sido aquella época, y como era aquel joven comunista que llegó a ese mundo cargado de ilusiones. Me interesaba rever a ese muchacho en tiempos de la Guerra Fría desde la madurez, ese Roberto que los años han convertido en otra persona. Me interesaba compartir esos recuerdos porque cuando hablamos de Alemania Oriental pensamos en alemanes viviendo detrás del Muro de Berlín, tenemos la imagen de esa extraordinaria película "La vida de los otros", y nos olvidamos que también hubo muchos latinoamericanos que vivieron allí y que luego guardaron silencio. Hay muy pocos que hablaron de esa etapa. Creo que para muchos fue algo tan doloroso, tan decepcionante, como para mí, que prefirieron olvidar lo vivido y apartarse de la política.
P.: ¿El hecho de que el año pasado se cumplían 25 años de la caída del Muro lo impulsó a escribir?
R.A.: Yo había pensado en narrar esa historia para cuando se cumplían los 20 años de la caída del Muro, pero las cosas no se me presentaron fáciles, y cuando se iban a cumplir los 25 años me dije ahora sí. Tenía que escribir porque la memoria se va haciendo cada vez más imprecisa. Por eso escribo una memoria novelada de algo que desapareció y no una autobiografía. Por otra parte tenía más tiempo, había terminado el gobierno el presidente Sebastián Piñera y yo ya no era Ministro de Cultura. Pasar políticamente de una etapa a otra es un recorrido de 40 años en donde me convertí en un liberal que condena tanto la dictadura de Pinochet como la de Castro. Hoy soy un independiente que no pertenece a ningún partido y mi capital es mi independencia.
P.: ¿Qué es lo que se le aparece como decepcionante a aquel muchacho comunista que llega a Berlín Oriental?
R.A.: Pasar de Berlín Occidental, salir de una ciudad rutilante, moderna, y cruzar por la Franja de la Muerte, con campos minados, perros, guardias, y entrar en aquel Berlín Oriental, oscuro, detenido en el tiempo, le significó una remezón tremendo para aquel joven idealista que yo era. Pero eso no me hizo cambiar. Me decía: tiene que haber explicaciones para que el Muro sea necesario. Los camaradas alemanes del Partido me decían que era necesario por el contexto internacional. Yo traté de reducirme a eso pero se había producido una fisura profunda en mí que me debilitó seguir siendo comunista. La segunda ruptura no fue ya lo arquitectónico, el paisaje opresivo, la represión a la vista, fue en lo discursivo. Tenía en Chile la dictadura de Augusto Pinochet, y como militante de la izquierda de pronto obsrvaba que en ese mundo detrás del Muro se consideraba contrarrevolucionario, anticomunista, la libertad de prensa, la libertad para desplazarse, la ausencia de policía política, el parlamento, las elecciones, los derechos humanos. Esas exigencias que se planteaba en Chile en reuniones de chilenos y se aplaudían a rabiar, las mismas en Berlín Oriental se convertían en contrarrevolucionarias. Esa contradicción a los 20 años no se supera. ¿Cómo es eso de que allá si y acá no? A la tercera ruptura, la teórica, llegué mucho más tarde porque allí se vive de un modo en que no es posible leer los ensayos de Vargas Llosa sobre su crisis con el socialismo, a Hayek, a Semprún. Eso lo descubro luego, cuando salgo de allí. Lo que me lleva al rechazo es la experiencia de vida, no la teoría.
P.: Para que su libro no sea un mero ensayo ideológico político usted cuenta, entre otras cosas, sus numerosas aventuras sexuales.
R.A.: Es que son las memorias de un joven latinoamericano. Hay lectores que me preguntan sobre esa vida sexual desaforada que llevé. Es un fenómeno que le ocurrió a los latinoamericanos que llegábamos allá, a chilenos, argentinos, uruguayos. Es que se vivían en un país encerrado tras muros y rejas, de donde no se podía salir hasta los 65 años. Un país cerrado al que no llegaban turistas, o si llegaban estaba prohibido que los alemanes orientales se acercara a ellos. Los latinoamericanos, entonces, éramos el sueño hecho realidad para las muchachitas alemanas, rubias, de ojos azules, muy despampanantes muchas de ellas, éramos el latin lover. Era la primera vez que veían tipos de piel morena, morochos, de ojos oscuros, que hablaban otro idioma, que eran grandes revolucionarios que andaban por ahí y luego se iban a ir a la lucha. En un estado ateo, donde la Iglesia no tenía incidencia, donde el aborto era absolutamente legal, la cama era el único espacio de libertad real, el lugar donde el Estado no se te metía. No era que yo fuera un Casanova, era que el sexo era la forma que tenía la gente de disfrutar su libertad detrás del Muro. Además en Chile estudié desde niño en un colegio alemán y el alemán es mi segundo idioma, y eso me ayudó en más de un sentido.
P.: ¿Cómo era la salida de ese país para quienes habían llegado como exiliados?
R.A.: No era fácil, en el caso de los chilenos existía una estructura que se llamaba Comité Chile Antifascista que formaban representante de partidos chilenos en el exilio, más dos representantes del estado alemán oriental. Ese comité aprobaba o desaprobaba los viajes hacia Occidente, si se te daba una vivienda, si te podías casar o no. No es que hubiera un edicto que prohibiera salir a los chilenos, pero no podías salir, acercarte a cruzar. Necesitabas un permiso del estado alemán oriental, de Ministerio del Interior para salir del país. Pero antes de eso se tenía que tener el permiso de ese comité chileno. La razón, yo creo, era en el fondo de seguridad de Alemania Oriental. Te decían: nosotros estamos viviendo acá gracias a la solidaridad de nuestros compañeros, que por razones de la historia no pueden viajar a Occidente, por lo tanto no se ve bien que nosotros que estamos viviendo de ellos crucemos a Occidente. Era una cuestión de gratitud hacía quienes nos daban protección, vivienda, estudios. Pero por eso debíamos renunciar a nuestra solidaridad con los alemanes orientales que se sentían presos desde los años sesenta. ¿Cómo eso era posible? Era posible por la Guerra Fría y el pensamiento comunista en el poder. Esa era la realidad en un país donde la gente construyó un muro donde quedó encerrada. Hoy cuesta entenderlo.
P.: ¿Qué buscó con "Detrás del Muro"?
R.A.: Quise rescatar una etapa de la historia que terminó hace muy poco, y que sin embargo ya nos parece muy lejana. Cuento una historia para que gente joven de América Latina que ha crecido en democracia, con capacidad para protestar, para expresar su oposición, para discutir abiertamente, para formar parte de una ciudadanía participativa, no olvide eso que ocurrió hace poco. Es señalarles una realidad hoy difícil de imaginar pero que ocurría hace 25 años, y al mismo tiempo que tomen consciencia de a lo que pude llevar el fanatismo político, la restricción de las libertades. Y lo central es que, como la historia como no tiene un desarrollo garantizado y siempre todo es posible, incluso que las cosas se repitan, uno tiene que estar alerta, y ser sensible ante todo intento de restringir las libertades. Es lo que trato de contar a través de la experiencia de un joven que confiesa yo también creí en esto.
P.: Después de esta novela autobiográfica, ¿vuelve a las novelas policiales protagonizadas por su detective cubano afincado en Chile?
R.A.: Pronto volveré a Cayetano Brulé, pero ahora estoy trabajando en una novela muy lúdica, muy distinta a todo lo que he hecho antes. Tiene que ver con el mundo de hoy, con Europa, con Estados Unidos, con América Latina. Pero eso quedará para el próximo año, mientras tengo un libro de reflexión política que publicaremos con Mauricio Rojas, un chileno exiliado en Suecia en tiempos de Pinochet, que empezó en la ultraizquierda chilena y terminó siendo parlamentario del partido liberal sueco. Vamos a dialogar sobre nuestras experiencias. Mientras irá creciendo la novela lúdica, que pertenece a lo que llamo el realismo cosmopolita, que escapa de la realidad para volver a ella.
| Entrevista de Máximo Soto |


Dejá tu comentario