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Andruetto: un realismo que excede los límites de lo real
Ganadora en su momento del “Nobel de la literatura infantil”, la narradora prefiere no quedar identificada exclusivamente con ese género literario.
Andruetto. Poeta, ensayista, cuentista y novelista, la cordobesa ganó el Hans Christian Andersen, o “Nobel de la literatura infantil”.
M.T.A.: No. Yo tuve acceso de chica al mundo campesino, donde mujeres solteras cuidaban, de forma posesiva, a sus hermanos varones. Era un mundo arcaico, conservador, preservador de las costumbres tradicionales. Muchas veces me he preguntado qué pasa con el erotismo entre esas personas. Así surgió el triángulo entre la hermana que muere y los dos hermanos que intensifican su convivencia. En casos me preguntan cómo investigo. No investigo, yo trabajo con mi memoria emotiva. Cuento con el capital de haber vivido situaciones sociales distintas, haber estado en lugares muy diferentes. Se de los valores y prejuicios de la clase media baja pueblerina. Es un registro que parte del deseo de comprender por qué resisten ahí, por qué están solos, por qué no quieren cambiar, por qué se aferran a formas primarias de religiosidad popular. Y en los cuchicheos pueblerinos, en los chismes, encuentro los recelos, las suspicacias, los odios, las envidias. Wallace Stevens dice que "todo escritor tiene un arco de sensibilidad y de experiencia fuera del cual nada existe".
P.: ¿No la marcó ganar el más importante premio mundial a la literatura infantil?
M.T.A.: No en la escritura. Yo ya escribía para adultos antes que para chicos. Siempre me sentí escritora a secas. Pero desde el afuera muchas veces me marca, y siempre estoy buscando romper con la etiqueta escritora para chicos. No me gustan los encasillamientos porque tienden a soldar los procesos de creación.
P.: ¿Por qué Córdoba ha dado tantas escritoras que ofrecen best sellers?
M.T.A.: Hubo un fenómeno muy interesante. Cristina Bajo publicó novelas románticas de estilo decimonónico con una base histórica de mucha documentación. Tuvo mucho éxito de ventas, y eso hizo surgir una legión de escritoras de novelas románticas e históricas. El mercado las califica de novelas históricas, pero no son ni "Adriano" ni "Yo Claudio". Son novelas rosa con escenario histórico. Y bueno hay olas, modas, impulsadas por el mercado. Mis intenciones son otras, dejo que algo se active en mí y me lanzo al proceso amoroso de la incierta y provocadora búsqueda de una historia.
P.: ¿Cómo propondría hacer la lectura de sus ocho cuentos?
M.T.A.: Empezaría por el primero, "Gina", una mujer carcomida por el vino, pero con sed infinita. Pasaría a "No a mucha gente le gusta esa tranquilidad", la tensión subterránea de dos hermanos que de pronto quedan solos, lo que no se dicen y nunca se dirán pero está ahí en torno a ellos. Y luego iría al del final, "La noche interminable de Villa Crespo", que trata de un reencuentro y lo que el tiempo hace de nosotros, que me importa también porque es la ficcionalización de datos biográficos de un persona que amo mucho. Y me gustó que fuera el varón el perdedor.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.T.A.: Salió el libro de poemas "Cleofé", nombre de mi mamá, que murió el año pasado, y de una de las tres mujeres que envolvieron el cuerpo de Cristo. Trata de la relación madre-hija, y madre-mujer, lo mujer madre sacralizada sin la mujer real. Reeditamos "El país de Juan". Se está por publicar un libro de cómo un niña pobre se hace lectora. Tengo el comienzo de una novela que comenzó con lo que le pasa a una mujer grande con un vestido de fiesta, como me surgen muchos finales quizá lo pongo uno detrás del otro.

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