Intelectualidad a la criolla: los adherentes de Carta Abierta, ayer en un acto de campaña oficialista, entonaron «olé olé olé olá» mientras Néstor Kirchner les arrojaba besos desde el escenario del Paseo La Plaza. Soñado.
A puertas cerradas y con veto a la prensa, luego de ingresar directamente por el estacionamiento para evitar escraches, Néstor Kirchner desembarcó ayer en la Capital Federal embistiendo otra vez con dureza contra los medios de comunicación, sintonía que afuera acompañaron los custodios en el trato al periodismo, militantes de un raro acto de intelectuales con todo tipo de torpezas para con los periodistas, al punto que hasta a los cronistas de la estatal Télam les ordenaron seguir la puesta por TV (ver recuadro).
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El ex presidente se sumó a la campaña oficialista de la Capital, distrito de gran repercusión hacia el resto del país, donde el electorado le es repetidamente adverso y donde compite con un candidato alquilado, como Carlos Heller, que por estas horas conforma a la tropa con la posibilidad de ingresar al Congreso en soledad.
Kirchner se extendió en su discurso -leído e improvisado en algunos tramos- en el escenario de la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza, en la avenida Corrientes, a cinco cuadras del Obelisco porteño, ante una platea de 500 personas que posaron de intelectuales, mientras los patios y escalinatas de la galería abierta permanecían atiborrados de militantes. En la puerta de la sala, Policía y activistas impedían con forcejeos el acceso al lugar, no sólo a periodistas; también funcionarios como «Pimpi» Colombo o Raquel Kismer de Olmos quedaron deambulando sin poder ingresar, aunque para esas categorías no hubo ofensas.
En ese clima llegó el ex presidente por el estacionamiento que da a la calle Sarmiento, desilusionando a grupos del Partido Comunista de Heller y otros de la JP que lo esperaban por la avenida Corrientes. Victimizó a su esposa, alabó al cooperativista porteño y cargó sobre los medios.
Si el veto a la prensa a una junta de kirchneristas que se precian de democráticos y defensores de la libertad, como Carta Abierta, ya consistió en un agravio, las palabras de Kirchner reforzaron esa visión del oficialismo sobre los medios.
El candidato arremetió con que «según dice Wikipedia, la enciclopedia de internet, para tener información el periodismo debe recurrir a fuentes verificables», chicaneó el ex presidente y aludió duramente contra el matutino Clarín y su versión de un posible adelantamiento de los comicios presidenciales.
Después de un relato de esas características, Kirchner opinó ante la tribuna que hay que «democratizar mediáticamente nuestro país».
«Todos tienen derecho a tener opinión propia, pero se transforma un diario en factor de poder al servicio de intereses económicos», dijo Kirchner.
Después admitió que «el 28 de junio es un paso y un punto de inflexión para dar la batalla en 2011», y como olvidándose que su presencia ameritaba la bendición a Heller, atacó a Francisco de Narváez. Repitió que «cuando les pasa a ellos es porque los quieren desgastar», en referencia al llamado a indagatoria que le formuló un juez al candidato macrista.
«Quieren herir la inteligencia de los argentinos», se quejó al decir que «si a uno lo denuncian, estamos investigados; si los denuncian a ellos, están perseguidos».
«Si quien les habla hubiera aparecido relacionado con alguna llamada al rey de la efedrina, hubiera aparecido en 300 tapas de diario», enfatizó.
Siguió entonces con «aquellos que representan a la derecha argentina», a los que calificó como «el mascarón de proa de grandes intereses».
«No nos perdonan porque ahora hay memoria, justicia y no hay impunidad en la Argentina» y «no nos perdonan que haya pensado en distribuir la riqueza», se ufanó el ex mandatario.
«Es fundamental recuperar la pasión de otros tiempos para que la sociedad tenga un funcionamiento más democrático», clamó el candidato.
«Tenemos una Presidenta que está con toda la fuerza. Creyeron que porque era mujer no iba a poder y miren cómo puede, qué decisión tiene, cómo está al frente de la batalla. Y nosotros acompañamos», empezó a referirse a Cristina, de quien dijo que «le pusieron desde el primer día todas las trabas posibles».
Después se anticipó a los resultados electorales diciendo que «van a tratar al otro día de la elección de decir si tenemos un diputado más o menos y de redondear la realidad hacia su gusto». Al finalizar, se dirigió a Heller: «Me gusta como hablás, Carlos», dijo antes de rematar y despedirse dándole un beso al candidato porteño.
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