Manolo Juárez es, a los 78 años, uno de los mayores músicos vivientes de nuestro país. Su obra, repartida entre lo clásico y lo popular, no se mide en cantidades exorbitantes, ni ha sido jamás un artista masivo. Pero su trabajo, también en ambos terrenos, como autor-intérprete o sólo como compositor, así como gestor en diferentes ámbitos y docente altamente reconocido, ha dejado una huella fundamental en nuestra cultura. Pero además, yendo específicamente al rubro del folklore, Juárez ha sido, junto con colegas tan prestigiosos como el Chango Farías Gómez, Waldo de los Ríos y Eduardo Lagos, de los que han dado una vuelta de tuerca a esta música, sacándola del exclusivo espacio de los festivales y poniéndola en la sala de conciertos. El músico está recibiendo varios homenajes, el principal de los cuales tuvo lugar hace poco en la Ballena Azul con muchos invitados. Simultáneamente acaba de aparecer un álbum doble que reúne, a modo de antología, una interesante parte de lo grabado en el ámbito folklórico entre 1970 y 1987. Que haya sido bautizado con el número uno hace suponer un segundo. Aquí hay grabaciones en solo de piano o con distintas formaciones, todo muy valioso para quienes carecían de esos materiales ya descatalogados, extraídas de los discos "Trío Juárez", "Trío Juárez + 2", "De aquí en más", "Tiempo reflejado", "Manolo Juárez & Lito Vitale a dos pianos", "Tarde de invierno", "Solo piano y algo más" y "El que nunca se va".
| Ricardo Salton |



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