Estrenada en 1904 poco antes de morir su autor, la obra refleja la tensión socioeconómica de los años previos a la Revolución Rusa de 1917, que pondrá fin a tres siglos de régimen zarista. Una fina ironía trasciende el realismo del texto, dado que Chejov explora poéticamente las ambivalencias, quebrantos e ideales de todos los personajes, sin desestimar sus rasgos farsescos ni su humanidad.
"La puesta de Helena Tritek tiene que ver con un ambiente festivo y emocionalmente muy poderoso, e incluirá músicos en vivo, composiciones originales de Carmen Baliero. Los actores también cantamos y bailamos. Todo lo que ocurre es intenso: hay dolor, reclamos sociales, situaciones risueñas, amores desencontrados. Chejov hace algo extraordinario, convierte el jardín de los cerezos en metáfora", observa Banegas, en diálogo con este diario.
Las coreografías pertenecen a Sandro Nunziata. La iluminación es de Eli Sirlin y la escenografía, vestuario y proyecciones de Eugenio Zanetti.
Periodista: ¿Este es su primer Chejov?
Cristina Banegas: Sí. Inda Ledesma me convocó una vez para el papel de Masha en "Tres hermanas" (1987, Sala Casacuberta) pero en ese momento yo estaba trabajando con Alberto Ure. Esa fue la única vez que me llamaron para un Chejov. Siempre soñé con interpretar a Nina, la joven actriz de "La gaviota", tengo ese personaje clavado en el corazón. Como no pude hacerlo, tengo entre mis planes dirigir la obra. Juro que voy a dirigirla.
P.: Liuva no es un personaje menor. Lo interpretaron en el San Martín nada menos que Delia Garcés (1966), Alicia Berdaxagar (1978) y María Rosa Gallo (1998).
C.B.: Es un personaje delicioso. Una mujer tremenda, una aristócrata en tiempos difíciles que no puede parar de gastar dinero y de hacer lo que no debe. Incluso es muy graciosa su incapacidad para los negocios y finanzas. Pero sus heridas la humanizan y la alejan de cualquier estereotipo: la muerte de su hijito, su matrimonio con un alcohólico y jugador, más su segundo amor que la abandona después de robarle todo e irse con otra mujer. Chejov es un autor inagotable. Me pasé todo el verano leyendo las cartas de sus dos últimos años de vida. Son magníficas y en ellas habla de la escritura, los ensayos y el estreno de "El jardín de los cerezos". También leí las cartas de su mujer, Olga Knipper, que estrenó esta obra. Chejov insistía en que era una comedia y discutía con Stanislavski porque él la había montado como una tragedia. Es magistral cómo trabaja Chejov sobre los temas trágicos de la vida incluyendo el humor. El fue más allá del naturalismo de su época. En su obra la vida aparece con todo su absurdo y fugacidad. Hay patetismo, tragedia y dolor en sus personajes y al mismo tiempo está muy presente el deseo de vivir y de seguir adelante cómo sea.
P.: En "Sonata de otoño" compuso a una madre que de tan despreocupada y egocéntrica resultaba cómica.
C.B.: Es cierto, era una inimputable. Pero la demanda de esa hija ¡Diosito querido! era arrasadora. Ahora que lo pienso, Charlotte y Liuva tienen algo en común. Tal vez sea su manera de defenderse del dolor o de salir de la oscuridad. Creo que está bueno que se aferren a esa especie de alegría que les permite seguir adelante, aunque sea maníacamente. Mis amigas psicoanalistas decían que Charlotte lograba encontrar una salida de ese mundo endogámico y cerrado y de moral luterana que sostenía la hija con su marido pastor. Y Liuva también se va, con el dinero que mandó la abuela para pagar la hipoteca, que no alcanzaba ni para pagar los intereses. Pero ella la va a derrochar en París y cuando se le termine ya verá. Tiene un instinto de vida muy poderoso. Más allá de lo machacada que esté por todo lo que perdió, ella tiene algo deseante y apasionado que me resulta precioso.
P.: ¿Cómo fue su participación en "Doce casas. Historia de mujeres devotas"?
C.B.: Grabamos una historia con Leonor Manso y Tina Serrano que saldrá en breve. Son tres viudas a lo Manuel Puig, muy locas. Santiago Loza (autor y director del unitario) se sorprendió de que yo no esté haciendo comedia. En realidad siempre tuve mucha comicidad, pero salvo cuando hice "La vuelta manzana" con Hugo Midón, "Eva Perón en la hoguera" con dirección de Iris Scaccheri o mi espectáculo "La morocha", no tuve muchas oportunidades.
| Entrevista de Patricia Espinosa |

