13 de diciembre 2021 - 00:00

2021, un año de luces y sombras que deja para 2022 un escenario complejo y desafiante

1.jpg

Se termina un año que, una vez más en la historia argentina, presentó una elevada volatilidad macroeconómica y financiera. Luego de la fuerte caída de la actividad ocurrida en 2020 -la segunda mayor de la región detrás de Perú y entre las mayores bajas a nivel internacional-, el año 2021 se vislumbraba incierto.

Si bien todavía no hay cifras definitivas, la actividad económica estaría cerrando este año con una recuperación mayor a la que se esperaba en sus comienzos, cercana a la caída de 2020. Sin embargo, hay que recordar que el país venia de dos años de recesión y dicho nivel aún no ha sido recuperado.

Por su parte, la evolución de los sectores ha sido desigual. Por un lado, están aquellos vinculados al entretenimiento y turismo -como son hoteles y restaurantes- que, si bien han comenzado a mostrar una variación positiva respecto de 2020, continúan sufriendo los avatares de la pandemia y se encuentran lejos respecto de su registro de 2019. Por el otro lado están aquellos que no solo se han recuperado, sino que además han logrado ubicarse en niveles de 2019, como son los casos de la industria y la construcción.

Expansión económica

La construcción creció en el acumulado enero-septiembre un 43% en relación con igual período de 2020 y respecto de 2019 lo hizo 1,9%. A pesar de su buen desempeño, la actividad se encuentra un 6,4% por debajo de los registros de 2018. Adicionalmente, los datos de cemento muestran que se estaría desacelerando la obra privada, que había sido boom a fines del año pasado por la combinación del bajo costo en dólares y apertura de la actividad pos cuarentena. También los insumos para refacción muestran en los últimos meses señales de amesetamiento.

La industria crece igualmente respecto de 2020 y en el acumulado enero-septiembre se encuentra un 19% por encima. Respecto al año previo, avanza 6%. Sin embargo, al igual que la construcción, la industria se encuentra 4% por debajo de los valores de 2018, año en que diera inicio la recesión económica.

Aun con una mejora en la actividad, la bonanza no se ha visto reflejada en igual magnitud en el mercado de trabajo donde, además de no recuperarse los niveles prepandemia (hubo una pérdida neta de 131.000 puestos de trabajo en agosto respecto del primer bimestre del año pasado), los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo y, al octavo mes del año, acumulan 42 meses de descenso interanual consecutivo.

Si bien es cierto que el nivel de actividad se encuentra frente a un proceso de recuperación, no es posible hablar de crecimiento. Para ello sería necesario un cambio permanente en la productividad de la economía, apoyado en un programa económico consistente que promueva las inversiones.

Corregir y prosperar

¿Qué podremos esperar de cara al 2022? El resultado de las elecciones dejó un mapa político más equilibrado entre oficialismo y oposición (donde también aparecen nuevos actores que, aun siendo minoría, condicionan el debate público y las posiciones de las principales coaliciones), pero también al interior del frente gobernante. Casi sin espacio para un escenario de radicalización y sin ánimo de alcanzar un acuerdo amplio que permita sentar las bases para un crecimiento de largo plazo, corrigiendo desequilibrios macro y atraiga inversiones genuinas; un escenario intermedio luce como más probable, que para que tenga lugar, en primera instancia, debería producirse una cierta corrección cambiaria que libere en parte las tensiones financieras actuales que se han acumulado tras el proceso de apreciación preelectoral. Ello y la corrección de ciertos precios relativos -básicamente tarifas que disminuyan subsidios- daría paso a un menor déficit fiscal, en parte por licuación del gasto por niveles sostenidos de alta inflación.

En resumen, una situación donde sigue todo más o menos igual, pero con tendencia a la corrección del déficit -por recaudación de impuesto inflacionarios- y precios relativos un poco más equilibrados. Ciertamente, todo ello con un costo social y económico más alto que si se estableciera un programa que alinease mejor las expectativas. A la vez que trae consigo un riesgo de desequilibrio ante eventos exógenos.

La incertidumbre es elevada y creciente, pero hay algo que sí es claro: sin un acuerdo político de base amplia, en el mejor de los casos se pueden esperar resultados económicos limitados.

Dejá tu comentario