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Aprobó el Senado adelanto de elecciones para el 28 de junio
Julio Cobos presidió la sesión de ayer del Senado. Todo se inició con tranquilidad, aunque por la tarde protagonizó un cruce con Miguel Pichetto. Los radicales Gerardo Morales y Ernesto Sanz manejaron el libreto de la oposición.
Néstor Kirchner sí tuvo tiempo de festejos y por eso dijo desde un acto en Moreno: «Es muy importante para mejorar la gobernabilidad».
En realidad, poco importaron ayer en el recinto del Senado los argumentos electorales de la ley. Casi todos los senadores de la oposición se dedicaron a analizar la situación de un país con su economía en vías de parálisis. Ningún kirchnerista pudo explicar por qué muchos argentinos decidieron cubrirse del «riesgo electoral», presionando la compra de dólares, un escenario que se adelantó al 28 de junio, cuando lo esperaban para el 25 de octubre.
La sesión de ayer se prolongó más de lo esperado por el propio kirchnerismo, pero no tuvo demasiadas sorpresas. Pero fue el propio oficialismo el culpable de haber impulsado semejante maratón de 9 horas: 27 senadores del kirchnerismo se anotaron para hablar, es decir, dos tercios del bloque oficial.
A las 11, Pichetto consiguió sentar en sus bancas a 37 senadores, es decir, lo justo para iniciar la sesión y comenzó el debate. El primero en hablar fue el miembro informante por la mayoría, el santacruceño Nicolás Fernández. «Nadie puede negar que hay una situación de emergencia, a la que hay que abocarse, y el Gobierno lo está haciendo», arrancó; «es muy difícil gobernar y lograr consenso, el cual se logra fuera de los tiempos de campañas».
Pero fue el propio Pichetto quien reconoció, quizás sin quererlo, las verdaderas intenciones del Gobierno al adelantar las elecciones. Explicó que se tomó la decisión para contrarrestar «el escenario electoral preparado por la oposición, que se iniciaba con Catamarca, con un segundo paso, a cargo del jefe de la Ciudad y seguirá con el gobernador socialista de Santa Fe que convocó a tres comicios».
La oposición se organizó en el recinto con un discurso uniforme: a pesar de la crisis, ningún país resolvió adelantar las elecciones. Cuestionaron, además, la falta de diálogo político por parte de Cristina de Kirchner para acordar una fecha unificada para la convocatoria.
Uno de los más duros fue el mendocino Ernesto Sanz, jefe del bloque UCR: «Hay un problema de confianza en la Argentina, sobre quien conduce la economía del país; la gente está empezando a desconfiar de la capacidad del Gobierno de tomar medidas con racionalidad».
Por la Coalición Cívica, Samuel Cabanchik rechazó el argumento oficial de que el adelantamiento está justificado por la crisis global: «Esta crisis es made in Argentina y no tiene relación con la que hay en otros países», dijo. El socialista Rubén Giustiniani eligió otro costado de la crisis en el adelantamiento: «Desde el punto de vista económico y social, el remedio que se propone con el adelantamiento de las elecciones es peor que la enfermedad. La medida es errónea desde el punto de vista del interés nacional, está diseñada para conveniencia del oficialismo y no toma debida cuenta de las urgencias que reclama el país».
El sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá denunció: «Hay 28 proyectos de reforma política con estado parlamentario que jamás fue tratado, y me atrevo a decir que nunca serán cambiados porque no hay voluntad política del Gobierno: cada elección que pasa es cada vez más sospechosa de maniobras políticas».
Pero el Gobierno tuvo también una galería de voces para defenderse. Curiosamente, muchas de ellas fueron las de los senadores que hasta hace 24 horas estaban sospechados de abandonar al oficialismo. Uno de esos casos fue el de la riojana Teresita Quintela: «La ecuanimidad es lo primero que se pierde en las campañas electorales. La gente está cansada de estas campañas tan largas y muy onerosas», dijo. Parecía que la senadora no había nacido en La Rioja, una provincia donde la política ocupa las 24 horas de todos los días del año, «nos ahorraremos no sólo plata, sino también agresiones y calumnias», terminó.
Otra de las incógnitas era el cordobés Roberto Urquía. Pero el hombre del aceite sorprendió con una lección de oficialismo: terminó votando a favor del adelantamiento argumentando que «la gente nos reclama a los políticos soluciones concretas a los problemas».
El cierre del debate corrió por cuenta de Pichetto: «No tienen la posibilidad de ganar», dijo para criticar los cuestionamientos de la oposición. «Hay un conjunto de factores y un escenario de mucha crispación en la Argentina. Algunos medios ponen en el aire personajes patéticos. Está el caso del señor De Angeli, que amenaza con cortar caminos internacionales y después se pasea con un sombrero de paja como Pancho Villa».


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