Tarde, aunque no tanto como otras veces (temen lo que pueda pasar tras el cónclave paneuropeo del 24 y 25 de este mes en Bruselas), la calificadora Moody´s decidió reducirle el rating a la cuarta euroeconomía: España. El motivo fueron las dudas sobre el costo de la reestructuración del sistema bancario (que podría llegar a casi el 5% del PBI), la inhabilidad del Gobierno para reducir su deuda y por encima de todo, las no buenas perspectivas económicas del reino (con una desocupación de más del 20%, cualquier comentario sobra). Esto se usó como primera excusa para justificar el 1,88% que cedió el precio del crudo (quedó en u$s 102,5 por barril), una baja que se dio a pesar de que la situación (o la matanza) en Libia empeora día a día a pesar de las rimbombantes e inefectivas declaraciones del mundo libre, y los disparos -balas de goma- de la Policía saudita para dispersar una manifestación shiita de apenas 200 personas, previa al día de furia que celebrará hoy la oposición (atención a este tema). La segunda excusa fue el inesperado déficit comercial chino de febrero (el segundo en 12 meses), causado por la suba de los commodities, en particular el petróleo (o alternativamente, según los vendedores de China, por el feriado del año nuevo), que podemos aunar al ajuste del PBI japonés, que se redujo el 1,3% el último cuatrimestre. Si agregamos que los pedidos de seguro por desempleo fueron más de los previstos y que el déficit del presupuesto federal rompió todas las marcas mensuales previas, elevando el estimado para el año a sin precedentes u$s 1,5 billón, se entiende el malhumor de los inversores, que hizo retroceder el 1,87% al Dow a 11.984,61 puntos. Ayer no alcanzamos a mencionar lo que tal vez sea una de las señales que más atención merezcan de los inversores: el anuncio de PIMCO de que ya se deshizo de todas sus tenencias de títulos del Gobierno norteamericano apostando a que el 30 de junio -o antes- la Fed no extenderá el QE2.
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