26 de noviembre 2015 - 00:00

Aranguren a Energía con la agenda en “stand by”

Juan José Aranguren
Juan José Aranguren
 Juan José Aranguren, que fue número uno de Shell en la Argentina hasta junio, se preparó desde hace años para ser ministro de Energía, al punto que estudió especialmente energía eléctrica en los últimos dos años. Su afán tiene que ver con una disposición personal, casi mesiánica, desde la que confrontó con Néstor Kirchner y Guillermo Moreno y denostó a los empresarios más dialoguistas. En 2005 apoyó a Elisa Carrió, en 2013 a Sergio Massa y finalmente desde este año llegó a la Fundación Pensar y a Cambiemos.

En las últimas semanas, sin cautela realizó declaraciones polémicas y habrá que ver hasta dónde tiene espacio para esas posiciones desde su cargo. Dijo que hay que eliminar los subsidios a la energía eléctrica y que los que necesiten seguir subsidiados tendrán 300 kilovatios gratis por bimestre (nivel exiguo para una familia tipo), a partir de los cuales empezarán a pagar el precio pleno. Afirmó que se evaluará si la actual forma de administrar YPF es la mejor, en relación al rol del Estado en la empresa, y que los precios locales del petróleo deben tender a confluir con los internacionales, siendo que ahora prácticamente los duplican.

El designado ministro de producción Francisco Cabrera fue el que tuvo que salir al cruce al día siguiente de las declaraciones sobre petróleo en nombre de Cambiemos, cuando una manifestación en repudio a los dichos de Aranguren se concentró en Comodoro Rivadavia, y todos los sindicalistas petroleros, históricamente enfrentados entre sí, se expresaron en contra.

Cabrera aseguró que por un período se mantendrán los actuales precios internos del petróleo y que se llegará con el tiempo a confluir con las cotizaciones internacionales. Pero por ahora no se sabe si los precios actuales durarán un mes, tres o más, siendo que los despidos, las vacaciones forzadas y el anuncio de una empresa internacional de servicio petrolero de que va a retirarse del país, ya están impactando en el Golfo de San Jorge, donde un 40% de la producción se destina a la exportación, y en Vaca Muerta donde los costos de explotación son mucho más altos que los convencionales.

Para definir inversiones y empleo, las petroleras esperan a que el nuevo Gobierno defina a qué precio van a vender el petróleo en el mercado interno, y si va a haber un aumento para el gas como habían prometido Cristina de Kirchner y Daniel Scioli. Pero esas decisiones dependen de lo qué pasará con el tipo de cambio: si la devaluación es importante, el precio local del crudo debería bajar para que los valores de los combustibles no sean demasiado altos.

La cuestión de los subsidios también dependerá de ese factor, aunque ya es impensable que un eventual aumento del precio del gas vaya a salir de las arcas públicas, así que si se opta por estimular desde ahí a la actividad petrolera, deberán subir las tarifas de gas.

Otro punto a dilucidar es hasta dónde se podarán subsidios. Las distribuidoras eléctricas con cierto temor a que un aumento desmesurado coincida con cortes por el calor, aseguran que sólo con avanzar en el mismo criterio del actual Gobierno sobre las áreas geográficas de mayor poder adquisitivo todavía subsidiadas, ya se estaría dando un paso significativo.

Con los planes en stand by hasta que se defina el tipo de cambio, en lo inmediato Aranguren tiene que cubrir las secretarías de Energía Eléctrica, Combustibles y Minería, y los titulares del Enargas, el Enre y Cammesa.

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