«Ofrecen dólares a precios competitivos. En algunos casos, los sacan de sus medias», fue la frase con la que The Economist describió el accionar de los «arbolitos». En su edición impresa del sábado, la revista especializada se refirió al dólar «blue» como «el último neologismo en una larga lista de la economía argentina».
Éstos son los conceptos más destacados de la nota de The Economist:
Desde esta semana, cualquier argentino que espera tomarse vacaciones en el extranjero deberá no sólo dar su clave de identificación fiscal, sino también decirle a la AFIP cuándo, dónde y por qué va a viajar.
Los funcionarios dicen que esta violación a la privacidad se necesita para combatir la evasión fiscal y el lavado de dinero. En realidad, la razón es que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está empezando a quedarse sin dólares. Desde que la tasa de inflación es más del 25%, el Gobierno tiene miedo de dejar que el peso se deprecie. En lugar de eso, se está recurriendo a una economía en estado de sitio.
La calle florida, una peatonal ubicada en el corazón de Buenos Aires, es nuevamente atestada por cambistas, como sucedió durante la inflación de los 80. Otra escapatoria utilizada por las compañías es la compra de dólares a través de bonos que son adquiridos en pesos y transferidos a Estados Unidos.
Los funcionarios anunciaron que ellos perseguirán a las personas que compraran dólares legales y luego los revendan rápidamente para obtener ganancias de entre el 25% y el 30%. Aun así, los economistas reconocen que entre u$s 10 millones y $ 40 millones por día cambian de manos por debajo de la mesa. Malo como es para la economía, la doble cotización es políticamente útil, como un medio para intimidar oponentes y recompensar aliados.
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