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Arduo examen para Kirchner como mediador del club Unasur
Ayer, con la intempestiva decisión de Hugo Chávez de romper relaciones diplomáticas con Colombia -por una denuncia de ese Gobierno ante la OEA por la presunta «cobertura» para campamentos de la FARC en Venezuela-, la hoja de ruta K entró en una picadora.
Las citas y visitas que hasta ayer al mediodía eran poco más que espasmos de turismo latinoamericano mutaron, durante la tarde, en cumbres que -de mantenerse en pie- tendrán un único eje: la crisis diplomática que estalló entre Colombia y Venezuela. Con esa tempestad sobre la región, la Secretaría Ejecutiva de la Unasur que ocupa el patagónico, hasta ahora un oficio burocrático sobre conectividad y regímenes previsionales, adquiere una entidad contemplada en las hipótesis, pero, a su vez, minimizada.
Ayer, según informó Chávez y más tarde dejó trascender Kirchner, el patagónico se comunicó con el bolivariano y analizó el episodio, en conversaciones telefónicas, con el ecuatoriano Rafael Correa con Lula da Silva y con el asesor lulista Marco Aurelio García.
Kirchner transmitió, también, que «colaborará en la mediación encabezada» por Correa, presidente pro témpore de la Unasur que en febrero de 2008 se cruzó con Uribe cuando tropas colombianas atacaron posiciones de las FARC en Ecuador, ocasión en la que murió Raúl Reyes, número dos del grupo guerrillero.
La secuencia regala una paradoja: aquella incursión militar fue comandada por Santos, por entonces ministro de Defensa de Uribe, que si embargo luego de ganar en el balotaje se esforzó por enviar señales de autonomía respecto de la política de vecindad de su antecesor.
Antes de irse, Uribe parece activar una bomba sucia mientras Santos, a pesar de sus antecedentes, plantea la necesidad de recomponer los vínculos con Ecuador y Venezuela, países con los que, además de fronteras enormes, los une la empatía comercial.
Esa línea difundió en su gira «de presentación» por la región que lo traerá el lunes a Buenos Aires para un encuentro con Cristina de Kirchner y, además, un mano a mano con el titular de la Unasur.
No fue todo: Nicolás Maduro, el canciller venezolano, pidió ayer una cumbre urgente de la Unasur por lo que anoche, Kirchner y sus espadones de Unasur, Juan Manuel Abal Medina y Rafael Folonier, preparaban las valijas para un posible viaje rumbo a la zona crítica.
De concretarse, se especulaba anoche, se haría en Ecuador.
El anuncio chavista, realizado junto a Diego Armando Maradona, reacción por la denuncia colombiana ante la OEA, ocurre en un momento curioso: a una semana de que Álvaro Uribe deje el poder y a horas de la cumbre del Mercosur prevista para el 2 y el 3 de agosto en San Juan.
Esa cumbre -que tendrá su edición social que abrirán el sábado Jorge Capitanich y Oscar Laborde, coordinador de la Sociedad Civil de Cancillería, en la Isla del Cerrito, en el Chaco- estará, también, gobernada por la crisis entre Venezuela y Colombia.
Unas horas después, el matrimonio K se trepará al Tango 01 rumbo a Venezuela, bajo el estigma del escándalo de la «embajada paralela», para desembarcar el 6 de agosto en Bogotá. Será, más allá de que operará como «colaborador» de Correa, presidente pro témpore de la Unasur, su debut real en el organismo subcontinental.
Su única experiencia como mediador fue ingrata: una breve y pavorosa estadía en la selva colombiana a la espera de rehenes que nunca llegaron.


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