21 de marzo 2013 - 00:00

Arrancó la pelea por la sucesión de Bergoglio

La designación de Jorge Bergoglio como papa adelantó la pelea por la sucesión del cardenal en el Arzobispado de Buenos Aires. Si bien ya había anunciado su jubilación a la diócesis, nadie podía prever que la renuncia de Benedicto XVI lo obligaría a dejar de manera anticipada el cargo que ocupaba desde 1998. Esa partida sin regreso hacia Roma, los primeros días de marzo, interrumpió las gestiones que Bergoglio ya había encarado para elevar al Vaticano una propuesta con el nombre del obispo que debía sucederlo.

Paradójicamente, ahora será él mismo, como el papa Francisco, el que deberá elegir a su reemplazante en Buenos Aires, ya que ésa es una atribución exclusiva del titular de la Santa Sede. Aunque todavía es prematuro hacer conjeturas, se piensa en un arzobispado de transición para luego dar paso a uno más largo y definitivo, una vez que el papa argentino haya acomodado la agenda vaticana.

Además de ser la diócesis más importante de la Argentina, el cargo de arzobispo implica que se accede de manera automática al título de cardenal, que conlleva el derecho a voto en un futuro cónclave papal, con chances a ser electo. Bergoglio sabe que eso no es una metáfora.

Conocimiento

"Seguramente se guiará por consejo o consideraciones del nuncio apostólico y de la Conferencia Episcopal argentina. Pero Bergoglio conoce como la palma de su mano al episcopado argentino"
, dijo un colaborador de la diócesis porteña.

Ese nombre, cuentan quienes mantenían línea directa con Bergoglio, ya había sido acordado entre el cardenal y el renunciante Benedicto XVI, en varios de los viajes que realizó a Roma aprovechando la buena relación que los unía.

Pero Bergoglio se llevó el secreto al Vaticano. Hasta ese momento se mencionaba, por caso, a Virginio Bressanelli, vicepresidente de la Conferencia Episcopal argentina, y a monseñor Andrés Stanovnik, obispo de Corrientes.

También entre los posibles sucesores de Bergoglio se hablaba del actual presidente de la Conferencia Episcopal argentina y arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, un religioso "moderado" que ha tenido buen vínculo con la Casa Rosada, y a Eduardo García, obispo auxiliar y provicario de la Arquidiócesis porteña y virtual mano de derecha del ahora papa Francisco en la Catedral Metropolitana.

"Es una pérdida para nosotros, pero una ganancia muy grande. La Iglesia deberá nombrar un nuevo arzobispo para Buenos Aires. La decisión vendrá desde Roma", ratificó García.

La necesidad de darle continuidad a la impronta misionera de Bergoglio en la ciudad es, a todas luces, la condición que debe reunir el religioso que asuma el lugar vacante. "Una Iglesia que está en la calle, de puertas abiertas, desde el gesto concreto del acercamiento con el otro", definió el provicario porteño.

A esa nómina se acoplan, además, el obispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani (su edad de 68 años resultaría un impedimento, aunque podría tener un arzobispado "de transición"); el arzobispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano (con un perfil pastoral muy similar al del ahora exarzobispo porteño), y el obispo de Avellaneda-Lanús, Rubén Frassia (expárroco de San Cayetano y de diálogo permanente con Bergoglio). De todas maneras, y más allá de cualquier presunción, la última palabra la tiene el papa Francisco.

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