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ART I: habilitan juego a gremios
Es un antiguo anhelo de la jerarquía sindical que estuvo contemplado en la ley original de 1995, pero que en sus artículos específicos -el 26 y el 42 a- nunca fue reglamentada. Allí se autoriza a incursionar a los gremios a través de mutuales.
El problema, todavía no resuelto, es de carácter legal: las mutuales sólo pueden ser conformadas por personas físicas, mientras los gremios, o las asociaciones empresarias, son personas jurídicas. Entre la Super de ART y el Ministerio de Trabajo discuten la salida.
Se trata de un negocio que, en el primer cuatrimestre del año, recaudó 5.700 millones de pesos a partir de los aportes para la cobertura de 8,4 millones de trabajadores que, a diciembre de este año, representaban una masa salarial de $ 46.255.250.059.
Hasta ahora, el epicentro de la discusión se centró en la norma que la Presidente anunció en el festejo del Día de la Industria y envió al Parlamento, donde avanza, a pesar de algunas trabas (ver aparte).
Sin embargo, la irrupción de las llamadas «mutua» amenaza con convertirse en un componente crítico porque, según las medidas oficiales, autoriza a los gremios a incursionar en el rubro sin tener que encontrar atajos como el que usó Hugo Moyano con Caminos protegidos, aseguradora que tiene como base su mutual 19 de Noviembre.
Ese antecedente, que en su momento sólo fue posible a partir del despliegue de Moyano, su empatía con las empresas del transporte y el lobby con el Gobierno, podría ahora masificarse si se encuentra la llave para permitir el ingreso de los gremios.
La cuestión implica una complejidad práctica y, anticipan en el sector empresario, política. Veamos:
En la actualidad, las mutuales sólo pueden ser integradas por personas físicas, los gremios no pueden hacerlo directamente, por lo cual deben «dibujar» delegados en su nombre. Lo hizo Moyano. La idea de permitir que todos los sindicatos lo hagan debería incluir una reconfiguración, siquiera parcial, del régimen de mutuales. En eso está el Gobierno, cuya intención es dejar jugar a los sindicatos en el negocio.
La cuestión política, más allá del «guiño» a los gremios para dejarlos entrar en el reparto de esa torta monumental, tiene que ver con el riesgo que supone para las empresas que el mismo sindicato sea el que administre la ART, lo cual, dicen en el sector privado, puede convertirse en un elemento de presión del gremio sobre las empresas.
Hubo, en estas horas, algunas advertencias. Jorge Aimaretti, presidente de la Unión de Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (UART), además de avisar que se incrementarán las alícuotas al cambiar la tabla de «indemnizaciones» por accidente, exploró la polémica por la negativa: «No creo que a ninguna empresa le guste compartir la ART con su gremio». En esas palabras subyace, interesado o no, el temor de las compañías de tener que cederles la ART a los sindicatos con los que, además, después deben discutir paritarias.
Hay un punto más. La normativa sugiere, incluso, que las «mutua» deban ser, en primera instancia, compartidas entre la patronal y el gremio, lo cual induce a generar una «sociedad» entre ambos sectores. Si eso no prospera, el sindicato puede actuar por su cuenta, aunque la empresa mantiene el derecho de «libre contratación» que no lo obliga a contratar a la ART del gremio con el que negocia salarios. Se trata, claro, de una prevención fácilmente refutable: los sindicatos que tengan su propia aseguradora terminarán incluyendo en las negociaciones con las empresas que contraten a sus ART.

