- ámbito
- Edición Impresa
Arturo Aguiar captura la estética de la clase media
«La luz argentina», la fotografía que da título a la muestra de Arturo Aguiar, en la que la Plaza Congreso aparece transfigurada sin que haya mediado ningún artilugio técnico ni intervención digital.
Aguiar ha logrado hacer desaparecer en esta imagen esa especie de manto de niebla, ese cristal opaco que enturbia normalmente la visión de la Plaza. El espectador percibe un paisaje nítido, pero no es un espejismo. Desde el centro de la fotografía surgen unos destellos, un corredor regado de diamantes que se extiende entre los edificios y desemboca en el Congreso.
La cámara parece remontar vuelo desde el pedestal blanco e iluminado del monumento de Mariano Moreno, para cruzar el territorio de la plaza, sobre los árboles, bajo el cielo oscuro. Al utilizar filtros de color, Aguiar acentúa las tonalidades rojizas de la granza y el brillo de unas luces doradas que le brindan cualidades pictóricas a la foto.
La coincidencia de «La luz argentina» con la celebración de Mayo parece casual. Es decir, la foto no ostenta la marca en el orillo que llevan las obras realizadas por encargo, el abordaje del tema no parece forzado y no se expresa ningún sentimiento inflamado por el patriotismo.
De todos modos, la belleza y el esplendor que se exhiben sin rodeos, y sin los prejuicios que aún sobreviven de los tiempos vanguardistas, ejercen su efecto en el espectador. La luz que emana del ámbito de la Legislatura genera una visión idealizada y, hasta cierto punto, inesperada y festiva. Pero el contraste con los dramas que se han desarrollado en ese teatro de operaciones políticas es tan intenso, que si bien la imagen no los exhibe, resulta finalmente conmovedora. La muestra se completa con imágenes de interiores y una figura femenina que observa el mundo exterior a través de una ventana.
Algo similar sucede con esta joven, tan cercana y a la vez, al estar de espaldas, tan lejana e inaccesible. Se trata del único personaje de la muestra que, expectante, con la actitud de mirar el mundo y cuestionarse qué puede deparar el destino, parece representar, frente a una ventana, un sentimiento colectivo de incertidumbre ante el porvenir.
En los interiores de las casas argentinas, Aguiar destaca, desde la perspectiva más íntima, la identidad de sus habitantes. Nuestro sensitivo artista es un espectador de la noche urbana, que ausculta con su cámara los espacios donde viven, trabajan y sueñan los protagonistas -a veces ausentes- de sus imágenes. Es el flâneur de una ciudad que frente a su lente abre sus más amables refugios, rincones hospitalarios que hablan de la sensibilidad de sus habitantes. En esta última década, en el tiempo transcurrido desde que en el año 2000 presentó su primera muestra individual, Aguiar ha capturado con su cámara una estética de la clase media argentina. Es decir, acaso sin proponérselo, sus fotografías revelan el valor que gran parte de la gente de este país le otorga a la belleza de los objetos que pueblan su vida cotidiana. Este afán ornamental está representado en de las mesas de salón cargadas de retratos, en la plantitas que crecen junto a una ventana, en un jardín con sus típicos y enrulados sillones de hierro.
Por otra parte, las imágenes plantean desde los aspectos formales a los conceptuales, una reelaboración muy personal de las viejas relaciones que, desde sus orígenes, la fotografía ha mantenido con la pintura, y esto incluye los atributos poéticos.
Los grandes contrastes luminosos coinciden con el deseo romántico de manifestar lo sublime del arte, y algunos de los aspectos sombríos que esta condición conlleva. Las ambiciones de Aguiar no son pocas, y al hablar del protocolo de su producción y los criterios de su labor, observa: «Mi obra es la construcción de una poética fotográfica. El uso de la luz y el color tienen un sentido plástico y conceptual. Nada puede conocerse sin la luz y las sombras. Los contrastes entre los fulgurantes brillos y la oscuridad acentúan el misterio de lo humano, lo bello, y a veces lo terrible. La técnica que uso puede llamarse Pintura de Luz-toma directa de accion. Realizo mis fotografías en tomas de larga duración que introducen la temporalidad humana en el registro fotográfico y me permite intervenir física y directamente en la creación de la imagen durante la misma toma, iluminando manualmente la escena y creando con la luz un espacio de subjetividad».
Con sus cualidades extrañas, las imágenes de Aguiar suscitan también sensaciones extrañas e, incluso, contradictorias.


Dejá tu comentario