La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán cumple este sábado un mes desde que se iniciaron las hostilidades. Lejos de resolverse, el conflicto se expande en la región, con la confirmación del primer ataque por parte de los rebeldes hutíes de Yemen a Israel.
Israel ataca sitios nucleares mientras la guerra en Medio Oriente se recrudece
La escalada entre Israel e Irán sumó un nuevo capítulo con un ataque de gran alcance sobre instalaciones nucleares e industriales en territorio iraní, en línea con la advertencia previa de Tel Aviv de “intensificar y ampliar” sus operaciones. El movimiento se produce en paralelo a gestiones diplomáticas aún en curso, pero sin señales concretas de desescalada.
Según informó el organismo de control nuclear de la ONU, Israel bombardeó el viernes por la noche dos plantas siderúrgicas, entre ellas una ubicada en la provincia de Juzestán que utiliza material radiactivo. También resultó alcanzada la planta de agua pesada de Arak, un punto clave dentro del esquema iraní para la producción de plutonio. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aclaró que no se detectaron riesgos de radiación.
El impacto también se sintió en la infraestructura energética. Medios iraníes reportaron la muerte de una persona tras un ataque contra el complejo siderúrgico de Isfahán, donde además se registraron daños en dos centrales eléctricas que abastecen la planta.
Por su parte, la agencia nuclear iraní confirmó que una instalación en la provincia de Yazd, dedicada a la producción de “torta amarilla” (yellowcake), fue blanco de los bombardeos. No obstante, aseguró que no hubo “liberación de materiales radiactivos fuera de las instalaciones”.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar en el plano político. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, advirtió que Irán hará pagar un “alto precio” por los ataques. En los últimos días, medios locales ya habían mencionado una lista de posibles blancos regionales, entre ellos plantas desalinizadoras y una central nuclear en Emiratos Árabes Unidos, en lo que se interpreta como una señal de la amplitud que podría tomar la represalia.






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