2 de marzo 2017 - 00:15

Asamblea: Macri sin caries, Duhalde ministro y Cabandié en preescolar

• AUSENCIA DE "MILITANTES" DENTRO Y FUERA DEL CONGRESO EN DÍA LABORAL MARCA UN CAMBIO DE ÉPOCA
Mauricio Macri activó las sesiones ordinarias con un discurso que duró una hora. Arrancó con un chiste sobre su boca, luego transmitió mayoría de datos reales y, ya campaña, finalizó con una serie de sensaciones duranbarbistas. Casi todo el kirchnerismo se manejó con respeto en el recinto.

consejo y miradas. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, escucha al expresidente Eduardo Duhalde.
consejo y miradas. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, escucha al expresidente Eduardo Duhalde.
Mauricio Macri activó ayer el 135 período de sesiones ordinarias con un discurso que duró una hora y 30 segundos. Ese lapso de tiempo bastó al Presidente para gatillar una seguidilla de datos -la mayoría, reales- y, ya en campaña, sensaciones duranbarbistas sobre la esperanza y el futuro. Fue ante un recinto donde Cambiemos evitó cometer viciosas estridencias como el kirchnerismo, su antecesor, que se comportó con respeto excepto en casos puntuales.

En la previa, el póker parlamentario oficialista se juntó en una sola fila, con los jefes de los interbloques de Cambiemos en Diputados y en el Senado, Mario Negri y Ángel Rozas (ambos, radicales), respectivamente, y los líderes del PRO en esas cámaras, Nicolás Massot y Laura Rodríguez Machado. Desde allí saludaron a la mayoría de sus compañeros junto al experimentado diputado Pablo Tonelli, al menos hasta que arribó al recinto Elisa Carrió (Coalición Cívica), que se sentó más adelante.

Minutos antes de las 11 aterrizó en el recinto el primer convoy de ministros nacionales, con el jefe de Gabinete, Marcos Peña; y el titular de Interior, Rogelio Frigerio, quien le pidió un chicle a una asesora antes de sentarse. En ese momento también entró un ramillete de senadores de todos los colores, con el peronista Miguel Pichetto a la cabeza. A su lado se sentó la radical de Mendoza Pamela Verasay.

Pese a que en el recinto había una temperatura menor que apaciguaba el sofocante calor de la Ciudad, llamó la atención el temple del extravagante diputado salteño Alfredo Olmedo, que lució con orgullo una campera color mostaza. Cerca de él se encontraba con un abanico en actividad la legisladora premium del massismo, Graciela Camaño.

Antes que apareciera Macri se presentaron los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, con Juan Carlos Maqueda como el más requerido tanto por oficialismo como por oposición. A su lado se encontraba el palco de los ministros, donde logró el mejor asiento el expresidente de la Nación Eduardo Duhalde, aún más solicitado que Maqueda. El exjefe de Estado fue, tras la crisis de la Alianza, el responsable de tomar duras y criticadas decisiones para el país que, sin embargo, sirvieron luego para poner en pie a una dinamitada Argentina. Ayer, algo de eso deslizaron quienes se acercaron a saludarlo.

El arribo de Macri a la explanada del recinto fue a las 11.10, y a las 11.25 ingresó al recinto para escuchar el primero de más de 40 aplausos que recibió durante todo su discurso. Devolvió el primer gesto con su mano derecha en el pecho.

"No tengo caries, no tengo nada, está todo bien", disparó Macri después de las primeras palabras, como para frenar el inevitable trabajo de los fotógrafos. El final de la anécdota odontológica atravesó gran parte de las frases del presidente en el sentido de trasladar una sensación de buena salud a un Gobierno sin fisuras.

Del lado de los legisladores, Rodríguez Machado aprovechó la palabra presidencial para tomar nota. También lo hicieron Camaño y la diputada del Frente para la Victoria Cristina Álvarez Rodríguez, mientras su compañera de bancada Mayra Mendoza apeló como el Presidente a la dentadura, aunque para cortar cinta adhesiva con la boca y pegar carteles donde se denunciaban despidos, impactos negativos en economías regionales, recorte de becas en el Conicet, etcétera.

Cuando habló de lucha contra la corrupción, el oficialismo ovacionó a Macri y el diputado ultrakirchnerista Juan Cabandié -que llegó tarde- mostró una obra que preparó mientras escuchaba al Presidente: un avión de papel. El movimiento de preescolar del legislador por la Ciudad de Buenos Aires con su aeronave sirvió para recordarle al mandatario la imputación por los delitos de "asociación ilícita" y "negociaciones incompatibles", entre otros, en el otorgamiento de rutas aéreas a Avianca. Más tarde, el FpV también gritó "Calcaterra", el apellido del primo presidencial Ángelo, por acusaciones en la contratación de obra pública.

Más allá del infantilismo de Cabandié, gran parte del FpV se comportó -a diferencia de cuando era oficialismo y disfrutaba las mieles y vicios del poder central- de manera respetuosa. Macri llegó al Congreso en un importante operativo de seguridad y con algunos reclamos. La ausencia de "militantes" dentro y fuera del Congreso en día laboral marcó, sin lugar a dudas, un cambio de época. Además, se pasó de resaltar el rol de cuestionadas figuras del kirchnerismo a saludar, como señaló Macri en pleno recinto a "Luis, un médico de La Rioja, que hizo 30 días seguidos guardia para atender las emergencias".

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