18 de febrero 2011 - 00:00

Astica: atractivos bosques imaginarios

En las obras de Juan Astica se advierte la intención del artista de no repetir esquemas, dejándose llevar por lo que le ofrecen los medios con los que trabaja.
En las obras de Juan Astica se advierte la intención del artista de no repetir esquemas, dejándose llevar por lo que le ofrecen los medios con los que trabaja.
Para aquellos que no pudieron ver la muestra de Juan Astica, la galería Van Riel (Juncal 790) decidió prolongarla hasta el 28 de febrero.

Son 33 pinturas, 26 de pequeño formato, sobre papel, realizadas entre 2009 y 2010. A primera vista son paisajes, bosques, dada la verticalidad de las gruesas pinceladas que se ven atravesadas por una maraña de otras pinceladas gestuales que enfatizan su espesura. Espesura que tiene que ver con la técnica empleada, gouache, acrílico, el azar del resultado sobre el papel ya que el gouache ofrece diversos cambios cuando se seca. Pero todas estas técnicas y sus secretos son privativos del artista y lo que importa es lo que el espectador contempla .

Hay diversos pasos a seguir. Primero: la mirada abarcativa que puede ser la que uno recuerda del artista en su anterior exposición en galería Wussmann. En Astica ((Santiago de Chile, 1953, vive y trabaja en la Argentina) ese caótico mundo anterior va dejando lugar a un caos más ordenado, si vale esta contradicción.

Segundo: hay un ritmo interno que va poniendo las cosas en su lugar, de allí que pensemos que estamos frente a un bosque.

Una referencia inevitable porque, aunque las reglas del juego hayan cambiado, el contemplador siempre busca un punto de apoyo, reconocer algo.

Desborde contenido

Tercero y fundamental: dejarse llevar por el desborde del gesto, ahora más contenido, por la oportuna colocación del color que hace que todas las obras sean diferentes aunque obedezcan aparentemente a una misma estructura. Eso quizás se deba a la intención del artista de no trabajar de manera seriada, de no repetir esquemas. El también se deja llevar por la intuición, por lo que le ofrecen los medios con los que trabaja, por el trazo manual que cambia de dirección, por la mancha, que según Deleuze, «es la realidad manual de la pintura».

La obra de Juan Astica propone lo que Paul Claudel señalaba respecto a la composición, término pictórico, «es un conjunto, una estructura pero desequilibrándose o desagregándose». Allí reside gran parte del interés que suscita este artista, muy alejado de lobbies, concentrado en escapar de los peligros de repetirse a sí mismo y de caer en la narración para pintar fuerzas, las fuerzas que constituyen estos bosques imaginarios.

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