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Atención: empresas sin rumbo
La mayoría de las empresas que visito se encuentran en esta situación cada vez que «paran la pelota» y se dan cuenta de que el tiempo pasó y que nada cambió. Los problemas son los mismos, las dificultades son mayores y en la mayoría de los casos la situación económico-financiera de la compañía se deterioró. Esto, sin mencionar la pérdida en la participación de mercado, la débil capacidad de reacción frente a situaciones imprevistas y la falta de innovación como herramienta de crecimiento y adaptación sostenida. Esto sucede porque los empresarios o quienes conducen y dirigen las empresas están tan metidos en su problemática cotidiana que no saben hacia dónde van y cuál es el futuro de sus negocios. La mayoría de las organizaciones no tiene formulada cuál es su visión-misión. Dan pasos aislados y muchas veces agigantados sin saber si las decisiones que están tomando en el presente tienen un sentido y un rumbo en relación con su proyecto empresarial.
Tanto los empresarios como su organización deben conocer cuál es su visión-misión, porque esto los fortalece y establece las bases de una estructura organizacional orientada y con objetivos claros. A su vez, esto une, fortalece y genera un espíritu que propicia el trabajo en equipo hacia un proyecto conjunto que permite una empresa sólida en sus bases con un sentido real y crítico.
La «visión» es formulada por la persona o personas que conducen el rumbo de la organización con el objetivo de proyectar en forma dinámica lo que será la empresa en el futuro, teniendo en cuenta las aspiraciones de los agentes que componen la compañía, tanto endógenos como exógenos. Esta visión es una imagen reflejada en el «hacia adelante», en donde la empresa se ve proyectada y sostenida interactuando, en el sistema y en su campo y, a la vez, generando las estrategias necesarias para alcanzarla.
La «misión» es la razón de ser de la empresa, el motivo por el cual existe y forma parte del mundo en donde interactúa. Esta misión debe ser motivadora y la vez posible para que sea compartida por toda la organización. En ésta se fija y formula la relación con el mercado, sus clientes, sus funcionarios y empleados, y la comunidad en donde participa en general.
Hay muchas empresas que esto no lo tienen formulado, muchos empresarios que no lo tienen claro; los funcionarios y empleados de la empresa no saben por qué, con quién y hacia dónde trabajan. ¿Cómo se puede, entonces, llamar al futuro y pedir por una empresa y formular un deseo de «hacia dónde vamos» si no tenemos claro por qué y con quién?
Si el empresario cerrara sus ojos, se concentrara en su proyecto y formulara esto en forma concreta y luego lo esbozara a la organización, podría saber bien si está caminando y transitando hacia su «visión-misión» y en relación con ella cómo lo está haciendo y con quién lo quiere hacer.
Usualmente le pregunto al empresario: «¿Por qué está haciendo esto? ¿Es parte del proyecto de la empresa o sólo lo hace porque le da la caja de hoy? ¿Qué pensarían sus empleados y clientes que lo siguen y confían en usted y en la compañía? ¿Qué pensarías si vos fueras uno de ellos?
Digo siempre que lo peor no es hacer mal las cosas porque éstas se pueden corregir (si hay espíritu, deseo y convicción), sino que lo peor es no saber hacia dónde se va, con quién y cómo. Para saber esto, primero hay que formulárselo y luego trabajar en consecuencia con rigurosidad y evaluación en el cómo y el porqué.
Si bien en la Argentina vivimos con reglas cambiantes y en condiciones en donde la creatividad y el riesgo empresarial están siempre amenazados, especialmente en las pymes, saber la visión-misión nos permite determinar, frente a los cambios de escenarios, qué camino, atajo, cambio de marcha y rumbo hay que tomar para que la empresa pueda subsistir y sobrevivir a los «cambalaches exógenos» para volver a reinventarse y proyectar su crecimiento.
La vida, las empresas y sus empresarios sólo tienen un camino, y éste es para adelante, para lo cual sin visión-misión no hay posibilidad de lograrlo. Sólo quedan los lamentos y el «¿por qué nos pasó esto?». Finalmente, es necesario no olvidarse de que si bien esto pasa en las empresas, también transcurre en la vida de las personas, y que las organizaciones sufren la indefinición y la falta de formulación y proyección que las personas sufren en la mayoría de sus vidas y proyectos.


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