8 de octubre 2014 - 00:00

Atrapante como la vida que narra

Atrapante como la vida que narra
Patrick Deville, "Peste & Cólera" (Barcelona, Anagrama, 246 págs.)

El suizo Alexandre Yersin (1863-1943) era un científico olvidado (a pesar de que se puede sospechar que se le deben unos cuantos millones de vidas) hasta que Patrick Deville recuperó su historia en la fascinante biografía ensayísticamente novelada, la atrapante narración de no ficción "Peste & Cólera". Libro que seducirá en especial a los incondicionales de Jorge Luis Borges por su mezcla de aventuras y erudición, un cierto aire de Conrad y de Kipling, sin dejar de lado la tradicinal gracia francesa.

Hijo de un entomólogo, que no llega a conocer, Yersin tiene dos ideales el de su padre como científico y del admirado medico y explorador escocés David Livingston, y de algún modo buscará (y logrará) fusionar esos dos rasgos en su persona. Estudiará medicina en Alemania. Irá a París a completar sus estudios de médico y bacteriólogo y se convertirá en uno de los más fieles y notorios discípulos del ya anciano Louis Pasteur, padre de la denominada "revolución microbiana" que produjo un formidable avance científico y en la salud mundial. Pero Yersin es joven e inquieto y quiere echarse a la mar como Livingston. Como médico naval llega a Indochina. En Hong Kong codescubre el bacilo de la peste bubónica, que ha llevado a la muerte a más de 200 millones de personas, y que en su honor llevará el nombre de "yersina pestis". No se detendrá en eso, desarrollará la vacuna contra la peste. Hará exploraciones, se volverá cartógrafo y meteorólogo aficionado. Cada vez que pueda combatirá el colonialismo, y en ese mismo sentido elegirá dedicarse a curar primordialmente a los pobres.

Como botánico difundirá en el Lejano Oriente la quinina como remedio para prevenir y tratar la malaria. Cómo empresario buscará sembrar plantaciones que produzcan caucho. Y hasta inventará una bebida vigorizante mezcla de Coca(ina) y Cola. Finalmente elegirá Vietnam como su patria chica, el lugar de conclusivo destino, y en Hanoi abrirá una escuela de medicina y un hospital. Eso hace que cuando en Occidente se lo haya olvidado, allí se lo seguirá honrando, y por más que cambien los dominios y las ideologías, él seguirá teniendo su tumba y una calle con su nombre. Como su meta ha fijado la exhortación de Pasteur: "si pasara un día sin trabajar, me sentiría como si hubiera cometido un robo", y ha cumplido honrando la vida.

Patrick Deville va sumando etapas con una enjundiosa precisión estilística. Enriquece cada etapa con un contexto histórico sin detenerse ni empalagar. Relaciona la vida desatada de Yersin con la de otros que se desprendieron de sus seguridades y se lanzaron a la aventura, como los poetas Jean-Arthur Rimbaud y Blaise Cendrars, y el novelista Louis-Ferdinand Céline que abandona de la medicina. Hay mucho hacer y pocos amores. Acaso porque Deville ha tomado como documentos las cartas que envió Yersin a su madre y a colegas, que no eran para detallar intimidades.

Con este libro Deville conquistó el premio más importante de Francia, el Prix de Prix 2012. El año anterior se lo había llevado Emmanuel Carrère con "Limonov", sobre el polémico escritor ruso Eduard Limonov, otra novela biográfica de no ficción. A este género se deberían sumar la extraordinaria trilogía de Jean Echenoz dedicada a "Ravel", "Correr" (sobre el atleta Emil Zátopek) y "Relampagos" (sobre el ingeniero Nikola Testa). Los autores de primera línea parecieran haber elegido actualizar con fórmula posmoderna el género que hizo popular hace medio siglo a André Maurois, y dejar los escándalos y provocaciones (otro género clásico de las mejores letras francesas) para Michel Houellebcq, siempre que no se recuerde que una de sus primeras obras fue "H.P.Lovecraft, contra el mundo, contra la vida".

M.S.

Dejá tu comentario