9 de junio 2010 - 00:00

Atrapante novela de Eduardo Sguiglia

Atrapante novela de Eduardo Sguiglia
Hubo un tiempo, en el siglo XX, en que salíamos a la caza de lo que se llamaba -impropiamente- best sellers. Una fórmula que el tiempo fue agotando, a fuerza de artificio. Eran temas de actualidad, la banca, el petróleo, la medicina, la codicia de las grandes empresas, las reivindicaciones feministas, que culminaban en uno o varios crímenes; más la adición de oportunos intermedios eróticos, todo sazonado por estrés, tranqulizantes, mención de restaurantes, perfumes, cigarrillos, bebidas, etcétera. La fórmula estaba pergeñada de tal modo que hacía sospechar la intervención de varios asalariados, expertos en los diversos ingredientes. El buen olfato descubría el artificio y, generalmente, el engendro culminaba en versión cinematográfica, generalmente inferior al original.

La industria editorial, también con buen olfato, acudió a la reedición de los grandes clásicos del género, desde Simenon, a Conan Doyle; y a la búsqueda en Italia, los países del Este, Escandinavia, logrando buenos resultados.

Por eso, encontrarse ahora con esta impecable novela de Eduardo Sguiglia, «Ojos negros», nos arropa en la certeza de que aquellas atrapantes primeras novelas del bestsellerismo, anteriores a su degeneración artificiosa, no están del todo muertas y han dejado su herencia.

Sguiglia conoce bien la historia que cuenta porque recorrió aquellos infiernos de Congo y Angola y la trata de diamantes. Vivió su corrupción y su impiedad. Anuda con ritmo experto lo que el lector sigue con interés inagotable. Sintetiza en un marco rítmico, con pausas sabias, el desarrollo del relato. Y da a cada personaje su circunstancia, con una verosimilitud que inspira curiosidad, expectación o desconfianza, que la marcha de la historia confirmará o dejará abierta a la imaginación que interviene en todo tiempo en la relación autor-lector. Que todo este recorrido de lugares, de tiempos retrospectivos de tiempos presentes que lleva un narrador en primera persona y que periódicamente es escuchado en versión grabada, por un investigador rudo, primitivo que va evolucionando sin que nos demos cuenta, esté encerrado en ciento sesenta y dos páginas que no se pueden soltar, es una sorpresa deliciosa para el aficionado a sumergirse en otros mundos extraños, sin volver páginas atrás a revisar si algo se le escapó. El lector, a los diez minutos de lectura, descarta el señalador porque este viaje no lo necesita, ya que la mano de un experto conocedor de un retazo del mundo y que cuenta lo que sabe con honestos recursos: calma, violencia, sorpresa, elusión, alusión y pluma segura nos llevará a un buen puerto.

Eduardo Sguiglia (1952) es argentino. Ha publicado en el paìs y en el exterior y ha sido premiado varias veces. Lamentablemente no lo hemos visto figurar en el seudo canon local. Bienvenido.

Emilia de Zuleta

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