15 de mayo 2009 - 00:00

Aún en marco desprolijo, brilla el arte de Tomasello

La obra de Luis Tomasello (La Plata, 1915) invita a una serena contemplación como la de aquellos 360 vitrales medievales de la Catedral de Chartres en los que el artista tuvo por primera vez el encuentro con el color-luz.

Desafortunadamente, el día que visitamos la muestra, la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta estaba invadida por butacas, cables, pantallas que tapaban algunas obras ya que se estaba por llevar a cabo un seminario sobre matemática; en fin, una desprolijidad que no debería ocurrir en una sala destinada a exhibir a artistas consagrados.

Organizada por la Academia Nacional de Bellas Artes y bajo la curaduría de su presidente, Jorge M. Taverna Irigoyen, se presenta un conjunto de alrededor de 70 obras gracias al aporte del Museo MACLA de LA Plata al que, en generoso gesto, el artista donara 92 obras en el año 2000. Un excelente catálogo acompaña la muestra, que comienza con trabajos de 1952/6 en los que ya aparece el espacio en versión geométrica y la luz bajo la influencia de los artistas que Tomasello descubrió en su primer viaje a Europa: Kandinsky, Klee, Malevich, Balla y también Pettoruti en los años que permaneció en Argentina antes de instalarse definitivamente en París donde vive desde 1957.

Tomasello tiene vitales 94 años, por lo que sería ocioso enumerar aquí su vasta trayectoria de exposiciones individuales y colectivas, sus integraciones arquitectónicas, sus investigaciones para expresar el dinamismo, a través de módulos geométricos que pueden repetirse, que ofrecen variaciones mínimas y que no obstante su apariencia inmóvil, el movimiento envuelve al contemplador.

Sus investigaciones lo llevan a acuñar el término «atmósferas cromoplásticas», al insertar el relieve real en la obra y más tarde cuando descubre la luz reflejada, un momento de gran importancia en su quehacer. Los colores son diferentes en las caras ocultas de los relieves, se producen reflejos coloridos de hermosísimo efecto, casi mágico, se proyectan en el espacio y colorean la atmósfera.

El artista se refirió en una ocasión a los impresionistas cuando capturaban la atmósfera y la transferían a la tela. En sus objetos plásticos este fenómeno se produce de manera concreta.

Hacia los años 80 hace unas tablas negras con incisiones, desaparece la luz reflejada, es un verdadero «agujero negro», la nada absoluta, «sin posibilidades, un final para siempre» como lo señaló Kandinsky.

Tomasello confiesa que aplica la lección de Mondrian, maestro admirado: «Con lo mínimo hacer lo máximo», por eso su obra está libre de todo artificio y espectacularidad .

Caballero de las Artes y las Letras en París (1976), sus obras comienzan en 1985 a ser incorporadas en medianeras e interiores de grandes edificios en Francia y otros países europeos en diálogo abierto con la arquitectura. Se han realizado en los últimos años varias muestras homenaje, MNBA (2003), Homenaje a Grandes Maestros (ArteBa, 2005), Fundación Federico Jorge Klemm (2007). En 2008 obtiene el Gran Premio Homenaje otorgado por el Banco Central de la República Argentina.

Clausura el 31 de mayo.

 Al entrar a Zurbarán (Cerrito 1522) donde se exhiben alrededor de veinte obras recientes de Gyula Kosice (Checoslovaquia, 1924), pinturas con marco recortado, esculturas hidráulicas, de acero, plexiglas, gas neón y arte digital, pensamos que se ha dicho casi todo sobre este polifacético artista que llegó a nuestro país en 1928.

Combativo, se atrevió a decir «El mundo no me necesita pero para el arte contemporáneo soy inevitable». Teórico precursor de cuestiones estéticas, filosóficas, desde la revista «Arturo» (1944); investigador de nuevos materiales, creador de la famosa propuesta de la Ciudad Hidroespacial, pionero de las primeras estructuras lumínicas Madí, su famoso Manifiesto y fundador del movimiento del mismo nombre y de la revista «Arte Madí Universal»; poeta, son importantes sus aportes sobre arte en el ciberespacio, inteligencia y cerebro artificial, rayos láser, realidad y simulacro.

En su «Mensaje para el año 2082», escrito en una soleada mañana de 1982, Kosice cree que «el artista es el desvelado barómetro de la polución moral de nuestra cultura. Consideramos válido rescatar también sus proféticas y poéticas palabras cuando se refiere a un arte sin límites ni fronteras, «prófugo de una gota de luz y de agua, para reaparecer en las aguas primordiales de la existencia».

Clausura el 30 de mayo

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