Los festejos a los que se entregue el PRO porteño el domingo por la noche estarán acotados a la marca que logre Gabriela Michetti como cabeza de lista a diputados nacionales, pero no por la conformación legislativa con la que tendrá que lidiar Mauricio Macri hasta el final de su mandato. Aun reteniendo una abultada mayoría en el recinto porteño, una oposición fraccionada le complicará el primer acuerdo al que deberá llegar, en el mismo acto de renovación de bancas, la sucesión de Diego Santilli, la conducción de la Legislatura. El cargo, sin vicejefe de Gobierno por la renuncia de Michetti, será clave, no solamente por designar a quién reemplazará al mandatario en sus ausencias, sino por nombrar allí a quien deba urdir los consensos para las votaciones. Si bien nadie intentará disputarle al macrismo esa silla (aunque en su momento Ibarra gobernó con la Legislatura comandada por la oposición, PRO), la disputa por el puesto la terminará resolviendo la oposición según hacia adónde prefiera inclinar los votos dentro del plantel macrista que dé pelea. Por ahora, tradicionalmente, los legisladores prefieren a alguien «de la casa» y no «recién llegados». La previa de esa puja desanimó en su momento a Federico Pinedo a encabezar la tira a legisladores porteños ante la imprecisión de concretar la promesa de Macri de ser el capataz legislativo.
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El macrismo arriesga 11 bancas de las 26 que retiene en el recinto. Ese conjunto representa 36% de las que están en juego en la elección del domingo, treinta, la mitad de la Legislatura, pero que PRO de acuerdo con el sistema D'Hont de reparto podría renovar con alrededor del 30% de votos. De ese modo, los macristas aspiran a retener las 26 butacas o, con más optimismo, aumentar una, pero siempre al filo del quórum propio de 31 que exige la cámara local. Casi lo mismo que ahora, que le valió a Macri tener que soportar la modificación de proyectos propios a disgusto, arriesgarse a no tener ley de presupuesto, la ley de leyes, anular aumentos de impuestos o bien retrasar con perjuicio para su gestión algunas iniciativas.
Pero a partir de diciembre, cuando se renueve la Legislatura con el resultado del domingo, la situación se presentará más controvertida para el oficialismo porteño. No sólo el kirchnerismo quedará desmembrado y con eso se romperá una cadena de acuerdos que PRO mantiene con la oposición, sino que además la Coalición Cívica -que arriesga más, cuatro bancas de las seis que tiene- buscará diferenciarse ahora del macrismo en la carrera porteña por 2011 -cuando termina el mandato el jefe de Gobierno-, cuando hasta la campaña facilitó la votación de normas.
Se sumará, que ya se anotó para competir por el sillón de la Capital, Pino Solanas, ufanado por los pronósticos electorales aún sin resultado. El cineasta ya tiene dos bancas en la Legislatura, que si bien no pertenecen ni ingresaron por Proyecto Sur, que no participó de la contienda anterior, las ocupan el CTA Martín Hourest y la ex ARI Liliana Parada, que termina en diciembre. Solanas lleva de primer candidato a legislador a Fabio Basteiro; podría contar con un bloque más numeroso y buscará hacer ruido confrontando con el oficialismo. Otra mortificación serán las permanentes embestidas de Aníbal Ibarra, quien compite ahora para ingresar al Congreso nacional y en el peor de los pronósticos retendría cuatro bancas.
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