Ranchos, Lihuel Calel, Rio Manso, Junin, 25 de Mayo, El Alto de Bariloche y también el centro, Fiske Menuco, según los lugareños llaman a General Roca, son algunos de los lugares que recorre este documental de Boedo Films con entrevistas a gente de sangre mapuche y registros de trabajos, congresos y vida cotidiana en talleres, escuelas, campos y caminos del Neuquén, Rio Negro, La Pampa y Provincia. El conjunto suma un prólogo al uso, lecciones de un historiador actual, y otros agregados que solo confirman el refrán sobre quien mucho abarca, pero aún así resulta más que interesante.
De hecho, casi cada persona entrevistada da para una película: el viejo campesino recuerda los conflictos con la policía fronteriza, la joven señora en su auto va transmitiendo naturalmente a su hija el lenguaje ancestral y el sentido de pertenencia, la docente plantea el concepto de mapuchidad (así dice) y habla de robo de tierras "pero no es necesario volver al campo", el artesano recuerda las comidas domingueras con guanaco y avestruz en vez de pastas, el cooperativista muestra cerámicas con diseños indígenas y habla de días autorizados por fiestas religiosas nativas, una "con ganas de romper todo" se niega a vestir ropas indígenas para "no ser una postal" (dicho sea de paso, cerca de Quila Quina hay quien cobra cinco dólares a los turistas para dejarse fotografiar con su carro de bueyes), etcétera.
Interesantes, también, dos fragmentos de viejos noticieros alusivos al Dia del Indio instaurado aquí en 1945 bajo el gobierno del general Edelmiro Farrel, donde se recuerda que "llegaban a las ciudades lanza en ristre a exigir el derecho que hoy imploran". Discutibles, en cambio, las aseveraciones de un blanco cuando dice que lo del crisol de razas solo se refiere a las razas europeas, y que nuestras artes plásticas sólo muestran al indio malonero. Cierto que "La vuelta del malón" es imponente y estremecedor, pero el mismo Della Valle pintó otra clase de indios, al lado del museo donde está ese cuadro también puede verse el grupo escultórico "La cautiva india", de Correa Morales, 1905, y como esos hay muchos otros ejemplos. Asi también los vitrales de Enrique Thomas para la catedral de Nuestra Señora de Nahuel Huapi, 1947, alternan en forma pareja indios apocalípticos e integrados, seguramente de forma discutible.
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