6 de mayo 2010 - 00:00

Auteuil justifica comedia discreta

Daniel Auteuil aprovecha bien el doble personaje de comedia fantástica anticuada y elemental de «Dos en uno», logrando que el film se vea siempre con una sonrisa.
Daniel Auteuil aprovecha bien el doble personaje de comedia fantástica anticuada y elemental de «Dos en uno», logrando que el film se vea siempre con una sonrisa.
«Dos en uno» (La personne aux deux personnes, Francia, 2008, habl. en francés). Dir: B. Lavaine y N. Charlet. Int.: D. Auteuil, A. Chabat, M. Foïs, M. Chevalier.

Es curioso pero saludable verlo a Daniel Auteuil en el tipo de doble personaje de comedia fantástica al estilo de las que hacía Stveve Martin en la década del 80. De hecho, «Dos en uno» es anticuada y elemental, y si bien no arranca carcajadas ni tampoco tiene un sentido del humor especialmene inteligente, entreteniene razonablemente y siempre se ve con una sonrisa.

Auteuil es un oficinista de vida gris en lo personal, profesional, y habitacional, ya que vive en un pequeño y terrible departamento con vista única a una autopista eternamente atascada. En cambio, Alain Chabat es una ex estrella pop con una hermosa rubia mucho más joven como esposa, gustos sofisticados y la esperanza de que sus viejos temas volverán a ser un éxito en cualquier momento. Cuando el oficinista está cruzando la calle rumbo a su trabajo, el músico lo atropella en su auto. La víctima del accidente queda un poco mareada pero en perfecto estado físico, pero el viejo astro pop muere.

Inmediatamente, al personaje de Daniel Auteuil le surge una voz interior: es el músico veterano que de alguna manera se niega a dejar este valle de lágrimas y se metió, espiritualmente hablando, en el primer cuerpo que encontró. O al menos ésa parece la explicación del confundido burócrata, que debe convivir en su angustiante seudo oficina en medio de dos anaqueles, con una voz interior que le pide cigarrillos, tragos y fiestas.

La historia no da para mucho, pero la película es lo suficientemente corta (90 minutos exactos, lo que en una comedia sienta bien) como para que su discreta gracia no llegue a empantanarse. Hay algunas tonterías que casi se pasan de la raya, pero el talentoso Auteuil aprovecha bien al personaje y las ridiculeces del monólogo interior permanente. También se luce Marina Foïs como la jefa amargada que finalmente encuentra un poco de alegría y romance gracias a los consejos del experto en canciones románticas. Hay dos o tres gags realmente buenos, como la presentación económica convertida en show de música tecno. Y no mucho más. Para pasar un rato amable, quizá alcance.

D.C.

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