Avanzando en la burbuja

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 Podemos discutir si fue el día 19 del mes pasado o el 17, cuando se alcanzaron a tranzar 95 acciones diferentes, pero a partir de una de estas dos fechas el comportamiento del mercado cambió. Puede que el trasfondo alcista por el que transitamos hasta el miércoles pasado, y la merma desde entonces (con el 3,11% que cedió ayer al cerrar en 11.296.14 puntos, el Merval cede el 6,9% en 4 ruedas) enturbie la percepción de lo que está ocurriendo, pero la apuesta de los inversores (tras la baja que finalizó el 16 de diciembre último) fue en un inicio, fundamentalmente en favor de los papeles "argentinos puros". Es así que arrancando casi un 9% por debajo de Merval tradicional, la variante que engloba sólo a las cotizantes locales fue ganando terreno hasta cotizar algo más del 7% por encima de su hermana mayor durante marzo, para perder terreno desde entonces, quedando ahora casi un 7% por debajo (históricamente el M.Ar ha tendido a moverse debajo del Merval). Esto podría no ser inocuo, ya que podría reflejar la "madurez" del proceso alcista, impulsado en un comienzo por los papeles más riesgosos que son al mismo tiempo los que más tendrían para ganar con un cambio de escenario político/económico. Alcanzados niveles de valuación relativamente elevados, la idea sería que los inversores se estarían desplazando hacia papeles de mayor liquidez y tamaño buscando algo más de "seguridad", pero sin resignar del todo las ganancias potenciales (esto explicaría que mientras el índice general perdió el 4,59%, en las dos últimas ruedas, el Merval cedió el 5,23% y el M.Ar el 5,27%). Si bien el incremento del volumen negociado (no terminamos de revisar las estadísticas pero los $ 1.858 millones operados en acciones la última semana, podría ser un máximo histórico en pesos corrientes) atenta contra la idea de un mercado "arbitrando riesgo", cuando vemos que papeles como Aluar, Petrosur, Agrometal, Polledo, Longvie, Colorín, etc., supieron pasar en las últimas siete ruedas del podio ganador al perdedor y viceversa en apenas horas, la idea de un sistema que se retroalimenta a sí mismo no parece tan disparatada. El próximo paso: imagínelo.

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