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Avanzó intentando un nuevo estilo
Mauricio Macri con Juliana Awada y Gerardo Morales, ayer en Jujuy, participaron de un homenaje a la Pachamama, previo al acto de cierre de campaña.
Ya había esperado en 2003 cuando fue derrotado en el balotaje porteño con el trago amargo de haberle ganado en primera vuelta a Aníbal Ibarra, cuya destitución por el caso Cromañón, algunos creen que le facilitó -como la presidencia de Boca- llegar a su primer cargo ejecutivo electo. Sin embargo, la permanencia es otra cosa (va por el tercer período para el PRO en el distrito porteño). Como sea, le imprimió a su carrera un estilo marketinero que ya nadie se anima a criticar y hasta usó técnicas de timbreo al estilo evangelizador que le terminaron copiando. Técnicas estudiadas y emuladas que hasta le obligaron a una corrección vocal. Nada de micros para los actos, folclore de algarabía, colores y piruetas, de ser necesario, para variar las consignas más al gusto del público elector.
Macri también desafió nombrando ministros a los que desalojó de sus escritorios de gerentes de empresas para que se volcaran a la función pública después de transitar una Fundación sin identificación partidaria, por entonces para mostrarse como el no político. Debió ceder y nutrió la tropa con porciones de peronistas y radicales desencantados que fueron los principales actores al momento de urdir pactos y acuerdos para su gestión porteña.
Así llega Macri con nuevos socios al escalón mayor de las postulaciones y con internas feroces en sus filas, muchas por, precisamente, cuestiones de estilo que, de vencer el balotaje, dirá que en esos rivales de estrategias todos habrán ganado, el ecuatioriano Jaime Durán Barba, el armador Emilio Monzó y el "joven brillante" Marcos Peña, principales animadores de sus pasos de campaña.


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