Los pasillos y las butacas del Alvear albergaron -entre muchos otros- a Eduardo Eurnekian y a Ernesto Gutiérrez (Grupo América), Carlos de la Vega (titular de la CAC), Susan Segal (su par del Council), Juan Bruchou (Citi), José Ignacio de Mendiguren (UIA), Cristiano Rattazzi (Fiat), Juan Ordóñez (Grupo Roggio), Alberto Grimoldi (Grimoldi), Federico Nicholson (Ledesma), Osvaldo Rial (UIA), Eduardo Elsztain (IRSA), Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Eduardo Escasany y Luis Ribaya (Banco Galicia), Armando Cavalieri (Empleados de Comercio), Ricardo Gil Lavedra (diputado electo por la UCR), Mario Vicens (ABA), Norberto Peruzzotti (ADEBA), Marcelo Blanco (Deutsche Bank), Clarisa Lifsic (ex BHSA), María Laura Leguizamón (diputada K) Tomás Hess (Esso), Sebastián Eskenazi (YPF), Julio Werthein, Sandra Yachelini (Microsoft), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio) y Guillermo Francos (Banco Provincia).
En el tercer subsuelo del hotel los empresarios sponsors del evento le ofrecieron al invitado especial, Nicolás Eyzaguirre, un almuerzo, que consistió en langostinos de entrada y pollo de primer plato. Allí, el director del FMI se explayó en la relación con la Argentina e insistió con la necesidad de auditar las cuentas públicas del país. «Hasta Estados Unidos se somete anualmente al artículo IV. Son las condiciones de ser socio del FMI, pero no obliga a adoptar políticas», agregó.
«¿Necesita un aplausómetro para medir el humor del público?». Irónico, un avezado dirigente empresarial le hizo notar al periodista la discrepancia en la recepción de los discursos: frialdad absoluta para Débora Giorgi, Agustín Rossi y Amado Boudou; entusiasmo para las exposiciones de Mario Blejer, el chileno Nicolás Eyzaguirre Guzmán (director para el Hemisferio Occidental del FMI), de De Narváez y del senador mendocino por la UCR Ernesto Sanz. También «midieron bien» entre los hombres de empresa convocados por el Council of the Americas los gobernadores Mario Das Neves (Chubut) y Juan Manuel Urtubey (Salta). Era esperable: los hombres del Gobierno abrumaron con datos y estadísticas que no parecían condecirse con los que maneja su audiencia. Martín Redrado, titular del Banco Central, salió «empatado».
Mindlin comentaba que el 9 de octubre estará con su equipo en Nueva York tocando la campana de cierre de la rueda bursátil. Son apenas 40 segundos, pero todo un símbolo de la presencia internacional que busca con Pampa Holding. Ese día comienzan a cotizar las acciones de la compañía en Wall Street, pero no se trata de una ampliación de capital, sino de una transformación de acciones que cotizan en la Bolsa porteña por ADS (American Depositary Shares). «A estos precios no vale la pena salir a buscar fondos frescos», razonaba.
Eyzaguirre se saludó efusivamente con Marcelo Blanco, del Deutsche Bank. Ambos se conocen desde la época en que el banco alemán organizaba emisiones de bonos para Chile, cuando Eyzaguirre era ministro de Hacienda de Ricardo Lagos. Luego, durante varios años fue director del board regional del Deutsche, cargo al que renunció para asumir en el Fondo. Su lugar fue ocupado por otro chileno, Horst Paulmann, ejecutivo de la cadena Cencosud.
Entre los banqueros comentaban sobre las normas para flexibilizar el crédito del Banco Central. Pero, lejos de elogiarlas, se mostraron, contrariados porque -aseguran- van en la dirección opuesta de lo que pregonan al menos en el capítulo de créditos al consumo. Sostienen que, en realidad, lejos de facilitar el crédito, terminaron endureciendo las condiciones. Así se lo plantearon los bancos privados nacionales formalmente (tanto en persona y por carta) a Juan Carlos Isi, encargado del área de normas del BCRA. No se descartan modificaciones a partir de esta protestas, pero Redrado es quien tiene la última palabra.
Eduardo Escasany, uno de los principales accionistas del Banco Galicia, comenzó a reaparecer en foros públicos, algo que había dejado de hacer desde la crisis de 2002. El banquero concurrió acompañado de Luis Ribaya (también parte del grupo financiero) y se fue antes del discurso del ministro de Economía, Amado Boudou. Ambos banqueros coincidieron en que, si el Gobierno rescata buena parte de la deuda que se actualiza por el CER, la presión sobre el INDEC deberá ceder.
«El verdadero diálogo político se dio acá, en el Council», repetían los empresarios luego del encuentro, mientras comían alguno de los bocaditos del cóctel. «Ver sentados uno al lado de otro a Aníbal Fernández y a Mauricio Macri lo resume todo», continuaban. «El 28 de junio fue una bisagra; me encanta que haya diálogo ahora», se sinceró un empresario de la industria automotriz.
El acercamiento con el Fondo Monetario fue visto con buenos ojos. «Frente a un Fondo que acepta que la cosas cambiaron, ahora la Argentina tiene la posibilidad de beneficiarse con esta crisis», razonaba Ernesto Gutiérrez, del Grupo América. También Cristiano Rattazzi lo festejó: «La vuelta al Fondo es brutal, porque se baja el costo de financiamiento». Aseguró que el ahorro por acceder al organismo internacional sería de u$s 1.000 millones, ya que se pasaría de conseguir fondos a una tasa del 14% por parte de Venezuela al 4,5% del FMI. «Siempre y cuando esa diferencia vaya a los sectores más pobres y no al fútbol».
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