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Avatares en Pittsburgh
Pittsburgh, además de ser la capital de la producción de acero en los Estados Unidos es la cuna de uno de los productos más consumidos por los norteamericanos: la salsa ketchup. La familia Heinz desarrolló aquí un imperio que ayer sirvió para recibir a las esposas de los presidentes que concurrieron a la cumbre del G-20. Michelle Obama las invitó a una comida en la granja de los Heinz, una propiedad simbólica donde se desarrolló ese insumo indispensable para EE.UU., una fiesta que como consorte se perdió Néstor Kirchner por haber cancelado este año su viaje junto a Cristina.
El FMI persigue a Cristina de Kirchner adonde quiera que vaya. En el panel de la Clinton Global Iniciative le tocó compartir escenario con Dominique Strauss-Kahn y ayer en Pittsburgh continuó. El director gerente del Fondo se alojó en el mismo hotel que la Presidente por lo que los cruces con ministros argentinos se dieron todo el día. De todas formas no existió ni una conversación, ni siquiera con Amado Boudou, que como el resto de la delegación, habita en el mismo hotel.
La crisis de Honduras siguió marcando todo el desarrollo de la cumbre del G-20, por lo menos para los latinoamericanos. Ayer, Jorge Taiana se apuraba para armar la conformación de la misión humanitaria de la OEA que partirá, quizás hoy, desde Miami hasta Tegucigalpa. A esa misión se sumará ahora Brasil por una razón obvia: su embajada quedó en el medio de la crisis después que Manuel Zelaya se alojó allí y ahora no puede rehuir el rol de protagonista del conflicto.


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