- ámbito
- Edición Impresa
Bafici: afrancesado film sobre Aramburu despertó poca polémica
Iván Fund y Santiago Loza, directores de «Los labios», hasta ahora lo mejor en la competencia argentina.
Según su propia prensa, «Secuestro y muerte» deja traslucir que los personajes son Aramburu y los Montoneros. Pero nadie es mencionado por su nombre (salvo algún escritor como Manuel Gálvez, a quien el subtitulado en inglés rebautiza Emanuel Gálvez), los diálogos alternan entre la generalización y la zoncera, el núcleo del conflicto también roza la abstracción, y algunos personajes más que fanáticos inteligentes, resentidos y decididos lucen como verdaderos pavotes, por no decir otra cosa (nada que ver con los originales, entre ellos Norma Arrostito, Mario Firmenich y Capuano Martínez).
Seguramente eso es lo buscado por el autor, pero el público no encuentra justificativo a la visión. Además las actuaciones son casi todas de una francesa languidez, y Enrique Piñeyro se parece más al general Onganía visto desde muy lejos que al mencionado Aramburu. Igual puede reverdecer alguna polémica cuando llegue el estreno, ya que en los referidos diálogos el general siempre parece más centrado que sus ejecutores.
Dato interesante, el jefe montonero del secuestro real (y ejecutor del disparo fatal), Fernando Abal Medina, murió apenas unos meses después en un famoso enfrentamiento en el desaparecido Bar La Rueda, de William Morris. Ese tiroteo está excelentemente escenificado en una película que Enrique Juárez dejó forzosamente inconclusa. La escena fue recuperada, y aparece ahora en «Fragmentos rebelados», el documental con que David Blaustein rinde homenaje al cineasta comprometido que murió en acción.
En el documental «Fragmentos...» también hay otras dos escenas notables, cuando los veteranos Martínez Suárez y Humberto Ríos, cada uno desde su perspectiva, brindan sus respectivos recuerdos, con tal manejo de la voz, de los tiempos, la información, y la contención emotiva, que resultan verdaderos ejemplos de narración oral (un arte de los buenos conversadores, que se va perdiendo).
A propósito de narración oral, conviene señalar «Octubre pilágá», de Valeria Mapelman, sobre una masacre de indios en 1947, primer gobierno peronista, tal como la recuerdan sus viejos sobrevivientes. Ahí también entra el valor de la transmisión oral que fue pasando de generación en generación, y el oficio de los forenses que ahora confirman aquellos relatos. Señal de los tiempos, los antedichos sectores K no acusan reacción alguna por este film donde se cuestiona al viejo líder. Tampoco lo hicieron cuando, semanas atrás, se presentó en el Congreso un documental sobre el maltrato a los indios que en 1946 llegaron confiadamente a Plaza de Mayo integrando el llamado Malón de la Paz. En fin, Perón empieza a ser un blanco fácil, como los curas, los militares, y los referís de línea.
Del resto, cabe destacar, entre otros pocos films, «El dirigible robado», del recordado Karel Zeman (encantador cuento de aventuras ambientado en la Belle Epoque y visto en el Baficito), el violento y revelador «Ajami» (por algo fue candidato al Oscar), «El ladrón» (buen vértigo), «Los labios» (hasta ahora lo mejor de la sección argentina en competencia) y los documentales «Cooking History» (charlas con cocineros de las campañas militares de la II Guerra, Argelia, Balcanes, etc., y el chef del mariscal Tito), «Puskás Hungary» (el gran Férenc Puskás, un tipo divertido, amante del buen vivir, que escapó a tiempo de Hungría, se hizo ídolo del Real Madrid jugando a dúo con el argentino Alfredo Di Stefano, y se lució como director técnico en Grecia, Chile y otros países), y «Rocksteady: The Roots of Reggae», reencuentro de viejos músicos jamaiquinos, felices y humoristas aunque les haya ido todo mal en la vida).
A destacar, la mexicana «Perdida», una delicia de secretos familiares con música de boleros, sobre los Calderón, los famosos productores de cintas de cabareteras, luchadores, vampiros, y demás atracciones, que supieron negociar con Hollywood y con la industria musical, inauguraron el sonoro y los desnudos «inicialmente estéticos y estáticos», en fin, hoy unos viejitos muy simpáticos que cuando jóvenes supieron andar de amores con las estrellas, y la hermana también anduvo, nada menos que con Ricardo Montalbán, pero el pater familias impidió el casamiento «porque era un actor».
Lo cuentan, con nostalgia, el propio actor y la pobre víctima, casualmente abuela de la directora del film, la debutante Viviana García Besné. Una lástima, que Viviana no haya venido. Lástima, también, que estas buenas películas queden perdidas entre la multitud de cintas publicitadas como imperdibles, como «Hadewijch», «Black Dinamite» y «Maniquerville», que dejan al público sumido en el fastidio y el desconcierto. Pasa todos los años.


Dejá tu comentario