Balance del BCRA, una herramienta para el crecimiento

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Los criterios de valuación y registración contable no constituyen necesariamente una guía útil para evaluar el accionar de las instituciones que implementan políticas económicas. El aspecto relevante a debatir acerca del balance de un banco central es en qué medida esta herramienta favorece o condiciona el logro de los objetivos de política económica y no en qué grado se ajusta a lo que se cree "adecuado" desde el punto de vista contable. En un artículo de la Fed, Thomas Cargill señala que la estructura de capital de un banco central es más compleja que un simple conjunto de convenciones de registración diseñados para organizar sus operaciones. Técnicamente un banco central no requiere capital para ejecutar sus políticas. Es más bien por razones históricas, vinculadas a su origen privado, que estas instituciones se organizan en torno de una estructura de capital.

Asimismo, ningún banco central del mundo se guía por el criterio de maximización de la ganancia o del incremento patrimonial como un fin en sí mismo. Dicha conducta no necesariamente redundaría en un aumento del bienestar general. De hecho, Cargill remarca que priorizar la performance de los indicadores contables puede conducir a políticas equivocadas, citando los casos de la Fed en los años 30 y el del Banco de Japón desde los 90.

Otro aspecto en el que se rompe la analogía entre un banco central y una empresa se refiere al patrimonio neto. La evidencia internacional muestra que un banco central puede implementar correctamente sus políticas con un patrimonio neto negativo. Por ejemplo, en 2010 Suiza, México, Paraguay, Israel, República Checa y Chile mantuvieron un patrimonio neto negativo.

Por estas mismas razones, las normas de contabilidad que se emplean para evaluar la solvencia de una empresa no son apropiadas para los banco centrales. La Fed, por ejemplo, desarrolló principios contables adecuados para un banco central, las FAM (Financial Accounting Manual for Federal Reserve Banks). A diferencia de las prácticas de registro y valuación generalmente aceptadas en la banca comercial, las FAM determinan que todas las tenencias de títulos deben ser valuadas al amortized cost en lugar del fair value.

A partir de la desregulación financiera y la libre movilidad de capitales las fuentes de financiamiento intra sector público también pasaron a ser cuestionadas, y de la mano del fenomenal negocio financiero de las colocaciones soberanas llegó el cuestionamiento al financiamiento de los Tesoros por parte de los bancos centrales. La experiencia muestra que los bancos centrales de varios países pueden operar adecuadamente con un nivel de exposición al sector público similar o superior al que posee la Argentina, como ocurre con Brasil, Japón, Canadá y EEUU. Es de notar en este tema la marcada asimetría de algunos analistas para evaluar el activo de los bancos centrales cuando éstos deciden llevar adelante un rescate financiero respecto a cuando financian al sector público. Deberían dar en cada caso una explicación adecuada de por qué auxiliar a un banco privado acumulando activos tóxicos es más saludable que financiar al Tesoro.

Respecto a la transferencia de utilidades, no existen prácticas homogéneas en el ámbito internacional. En general, un porcentaje significativo es girado al gobierno. Tal es el caso de Brasil, Chile, Uruguay, Estados Unidos, Alemania o Italia, entre muchos otros.

De hecho, la reciente crisis internacional tuvo un fuerte impacto en las ganancias de los bancos centrales y en algunos casos incluso se modificaron los criterios para su transferencia. La considerable ampliación del tamaño de los balances llevó a que éstos registrasen fuertes beneficios y grandes transferencias. En el Banco de Inglaterra por ejemplo, las mayores utilidades, por aproximadamente £35.000 millones, comenzaron a transferirse desde noviembre de 2012 tras un acuerdo con el Tesoro.

En línea con lo realizado en otros países, desde el comienzo de la crisis global el BCRA ha realizado un uso pragmático de su hoja de balance. En particular, se ha priorizado un manejo de stocks que contribuya a la estrategia de desendeudamiento de la economía, cuyos resultados son elocuentes en tres dimensiones: cantidad, tipo de acreedor y moneda.

En efecto, se ha observado una reducción del nivel de deuda total, que representaba un 140% del PBI en 2003 y se ubicó en diciembre de 2012 en un 44%. Sin embargo, más notable fue la caída del stock de obligaciones con el sector privado, que se redujo del 105% del producto al 13% entre las mismas fechas. Más aún, dentro de las obligaciones con acreedores privados, el stock en moneda extranjera cayó del 75% del PBI al 9,6% en el citado período.

De no haberse utilizado dichos recursos, el stock de reservas sería mayor en aproximadamente 33.000 millones de dólares, pero también lo sería el stock de deuda si se hubiera recurrido a los mercados para cubrir capital e intereses. Dado que el costo del endeudamiento es ampliamente superior al rendimiento de las reservas internacionales, la estrategia de pago con reservas implicó un ahorro en concepto de intereses en torno a los 8.200 millones de dólares, asumiendo un spread constante. Por lo tanto, la estrategia que agitan los economistas convencionales de pagar deuda con más deuda para mantener un mayor nivel de reservas debería ser analizada a la luz de los costos sociales y económicos que esa opción implica.



*Subgerente general de Investigaciones Económicas del BCRA

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