Dialogamos con Wainrot.
Periodista: ¿Cuál fue la génesis de "Anne Frank"?
Mauricio Wainrot: Para mí no sólo es una obra artística sino política, y no sólo habla de judíos y nazis o alemanes, sino del fascismo, de derecha, izquierda o lo que sea. Lamentablemente la obra siempre es actual. Cuando la pensé, en el 82, no la pude hacer, recién en el 84 la pude concretar. Es la obra que probablemente más trabajé en organizar. En esa época era muy complejo hacer una obra de ese contenido, encontrar una música que se adecuara a mis ideas. Después encontré la "Música para cuerdas, percusión y celesta" de Bártok, que me pareció magnífica, y que según algunas críticas parecía escrita para mí, y no al revés. Es el músico que más me gusta y por el que siento más afinidad. En la época de la dictadura este teatro era una especie de isla dentro de lo que pasaba, entre los militares, el ERP, la guerrilla... los que no teníamos nada que ver estábamos entre dos fuegos terribles. Por supuesto que lo que pasaba con los militares era mucho más terrible, pero tratábamos de protegernos como podíamos, estaba el miedo de que a cualquier le podía pasar cualquier cosa.
P.: Más allá del contexto que se estaba viviendo, ¿qué lo motivó puntualmente a llevar a escena la historia de Anne Frank?
M.W.: En su momento sentía eso, y además viví la historia del Holocausto en mi casa. Mis padres salieron de Polonia el 16 de junio de 1939, diez semanas antes de la invasión alemana, y no quedó un solo integrante de mi familia paterna ni materna. Tres hermanos de mi madre se salvaron porque se fueron antes de la guerra. Mis padres llegaron a Bolivia, que era en ese momento el único país que admitía a judíos, y de allí pasaron a la Argentina, de manera clandestina y con lo puesto. Esa historia se repite acá con los militares, con los campos de concentración, con la desaparición de personas, con lo que pasaba con los directores de compañías, los secuestros, etcétera.
P.: ¿Tuvo oportunidad de visitar la casa de Anne en Amsterdam?
M.W.: Sí, y además el campo de concentración de Belgen-Belsen, donde murió, que no es nada: eran bosques donde tenían a la gente, que moría de frío y hambre o tuberculosis. Lo que hombre es capaz de hacerle al hombre es inadmisible.
P.: ¿Cómo está estructurada la obra?
M.W.: En cuatro movimientos, en el comienzo hay una presentación de los personajes en su casa. Comienza con el regreso del padre, que es el único que se salvó, y él empieza a recordar. Encuentra el diario de Ana y empieza a recordar. Yo tuve oportunidad de tomar contacto con una hermana de Anne Frank, porque su padre después se volvió a casar, y después del estreno de la obra en Londres ella me vino a saludar y fue algo extremadamente fuerte. Quedó muy impactada con el delineamiento de los personajes, que para mí tiene que ver con lo que pasó en mi familia. Mi padre ya había muerto cuando hice la obra, pero supe cosas que pasaban en la familia de las que mis padres no hablaban, por todo el dolor que habían cargado. Voy contando la historia hasta que Margot Frank recibe una citación para un campo de concentración, que en ese momento todavía no eran campos de exterminio sino de trabajo. Ellos deciden esconderse, se ve cuando van corriendo por la noche, la lluvia. Cuento las noches, que son las noches que aún tengo yo ahora. Soy una persona que no sabe dormir. En mi casa se dormía con la luz prendida, fui educado en el miedo. Me siento bien de haber podido traspasar al escenario lo que me pasaba, poder verlo.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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