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Barboza confirma su jerarquía en chamamé
Rául Barboza, a los 73 años, es un referente en la música del litoral. Actuó el pasado fin de semana.
Raúl Barboza, con sus 73 años muy bien llevados, es un referente de la música del litoral. Aunque nacido en Buenos Aires, su vida ha estado ligada siempre al chamamé, el valseado, el rasguido doble; y su instrumento «materno», el acordeón -de dos hileras en sus comienzos y el de un registro más amplio desde hace tiempo- es ya parte indisoluble de su lenguaje estético y hasta de su persona. Después de haber hecho su principal escuela junto a los grandes del chamamé y del folklore en nuestro país, hace algo más de décadas que decidió radicarse en Francia, desde donde ha desarrollado una carrera que tiene ramificaciones en muchos sitios de Europa y de América y que lo trae a su propio país -afortunadamente, cada vez con mayor asiduidad- como una figura internacional.
Barboza tiene un nuevo disco, grabado y editado sobre fines del año pasado, que está presentando en un ciclo que acaba de iniciar en un pub de Buenos Aires y que se escuchará también en distintos escenarios festivaleros del país por estos tiempos. Trabajo sencillo, directo, sin más vericuetos que sus temas más algunos clásicos, con el respaldo de un dúo de guitarra y contrabajo que resulta el acompañamiento ideal, el álbum lo pinta en este momento de su vida. Y el vivo está reflejándolo de la mejor manera.
Barboza habla pausado, como sin apuro. Presenta cada pieza; la introduce con una anécdota personal y genera el clima. Pero termina de hacerse importante cuando toca, cuando pasa por sus composiciones instrumentales -chamamés en su gran mayoría-, por su versión de maravillas como «La calandria» de Isaco Abitbol o hasta por un tango como «Nunca tuvo novio», poniéndole su cuota de modernidad, de atrevimiento armónico, de improvisación melódica. Aunque tiene simultáneamente la virtud de no perder jamás el rumbo ni la conexión con el pasado, con su tradición, con las bases que le dieron origen.
Hasta el momento, fueron dos los conciertos presentados en Vinilo; y ambos con variantes en su repertorio. En cualquier caso, las canciones
-aunque el objetivo sea presentar un disco- son una circunstancia segundaria. Lo verdaderamente importante es lo que ocurre cuando este señor sonríe y empieza a hacer sonar su acordeón.


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