3 de febrero 2009 - 00:56

Benjamin, un visionario que hasta anticipó la actual crisis

En la última década, los lúcidos escritos de Walter Benjamin, no sólo sobre arte y literatura, cobraron más actualidad que nunca. Ahora, una editorial inglesa los acaba de publicar completos, por primera vez.
En la última década, los lúcidos escritos de Walter Benjamin, no sólo sobre arte y literatura, cobraron más actualidad que nunca. Ahora, una editorial inglesa los acaba de publicar completos, por primera vez.
El 14 de junio de 1940, los ejércitos nazis se adueñaron de París. Walter Benjamin, alemán y judío, huyó hacia el Sur. Llevaba consigo una visa norteamericana, obtenida poco tiempo antes. Después de un verdadero calvario, llegó a la diminuta ciudad catalana de Port Bou, junto al Mediterráneo y a la frontera francesa. Seguido por la Gestapo, y vedada su permanencia en el lugar por las autoridades españolas, Benjamin se suicidó el 27 de septiembre: tenía 48 años.
En las últimas décadas, los escritos de este agudo pensador, estudios del arte y la literatura, vienen cosechado una celebridad extraordinaria en el mundo entero.
Ya en 1933, año del ascenso del nazismo en Alemania que lo impulsó a exiliarse en Francia, Benjamin publicó en un periódico de Praga un artículo breve, «Experiencia y pobreza», donde afirmaba «Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de los seres humanos (.) La crisis económica está a las puertas como una sombra. En sus obras de arquitectura, en sus imágenes y en su historia, la humanidad se prepara a sobrevivir, si es preciso, a la cultura». Un dicho anticipatorio 70 años atrás de un gran teórico del arte a quien una editorial inglesa acaba de publicar por primera vez todos sus escritos.
Benjamin, a diferencia de sus compañeros de la que se conoce como Escuela de Francfort (Adorno, Bloch, Horkheimer y Marcuse), era un filósofo asistemático. Esa asistematicidad, lejos de dañar su obra, le otorga un sello particular. El hoy tendrá futuro, según Benjamin, sólo gracias al pasado. Hacia 1940, hilvanó uno de sus últimos textos, «Tesis de filosofía de la historia» (publicado en 1955), que resume su meditaciones. Invierte el signo de la orientación radical hacia el porvenir que caracteriza a lo moderno, hasta trocarlo en una orientación aun más radical hacia el pasado. Atribuye a la actualidad orientada hacia el futuro, «la tarea de llenar las expectativas incumplidas del pasado».
«Articular históricamente el pasado no significa conocerlo tal y como verdaderamente ha sido, sino apropiarse de un recuerdo». Pero para Benjamin, la historia deber ser objeto de una construcción cuyo lugar está constituido por un tiempo pleno.
Aún sin abandonar esa obra, se lanza a componer en 1938-39 un estudio sobre Baudelaire, el gran poeta francés que además fue un excelente crítico de arte. Tampoco llegará a terminarlo, sin embargo, el texto resultante es un prodigio de erudición escrito como todos sus ensayos, en una prosa de gran riqueza literaria. Continúa este examen en su texto acerca del Art nouveau (1895-1905). Para él, se trata de un sueño colectivo. El de una clase social y el del propio arte. Es la burguesía del XIX la que sueña y empieza a medirse con la manera impiadosa que emplea para dominar a los hombres y a la Naturaleza, y es el arte el que sueña y empieza a medirse con el desarrollo técnico, especialmente en lo que atañe a la reproducción de las obras estéticas y la realidad (grabado, litografía, fotografía).
El arte ser refugia en una nueva actitud: uno de los nombres de esta tendencia de fines del XIX es, Modern style. El rasgo moderno de la moda, que tan rápido se vuelve anticuada, es una imagen de la intuición fundamental de Benjamin: la historia tiene algo de infernal porque es esencialmente el retorno a lo mismo, la repetición disfrazada de originalidad, como un caleidoscopio que forma figuras siempre distintas con elementos iguales.
Si Baudelaire representa el ejemplo de una modernidad auténtica, que no se deja engañar por la fantasmagoría del progreso y se caracteriza por una extrema lucidez, el Art nouveau constituye la falsa modernidad, porque depende de las leyes de la moda y cultiva la ilusión.
El máximo aporte de Benjamin es, quizás, en el terreno de las manifestaciones estéticas, el ensayo «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica», difundido en 1936, en una versión revisada por Horkheimer. El eje de estas consideraciones es la noción, acuñada por el autor, de aura, que mide la relación entre la obra de arte y sus receptores. El aura es, según Benjamin, «la manifestación irrepetible de una lejanía». Cada día cobra más vigencia la necesidad del hombre cotidiano de adueñarse de los objetos a través de la imagen, más bien de la copia, de la reproducción. Y la reproducción, tal como la presentan los diarios, las revistas ilustradas y los noticieros cinematográficos (hoy los televisivos, podríamos añadir) se distingue inequívocamente de la imagen original.
Las más antiguas obras de arte nacieron al servicio de un rito, mágico primero y luego religioso. El valor único de la auténtica obra de arte se funda, en el rito en que tuvo su primer y original valor útil, lo que se extiende aun al arte profano surgido en el Renacimiento y que siguió vigente en los tres siglos posteriores, porque se trataba de una secularización del rito.
«La recepción de las obras de arte se da bajo dos acentos principales: uno, el valor ritual, otro del valor de exhibición. Con el correr del tiempo el valor de exhibición desplazó al ritual: se produjo un cambio en la función artística».
Un cuadro ha tenido siempre la aspiración eminente de ser contemplado por uno o por pocos. En las iglesias y monasterios de la Edad Media y en las cortes principescas del siglo XVIII, la recepción colectiva de las pinturas no tuvo lugar de manera simultánea sino por mediación de múltiples grados jerárquicos. La contemplación simultánea de obras de arte por parte de un gran público, tal como se generaliza en el XIX, es un síntoma temprano del cambio en la pintura.
«Sólo la arquitectura viene ofreciendo desde siempre el prototipo de una obra cuya recepción se da por parte de una colectividad. Los edificios han acompañado a la humanidad desde su historia primitiva y no se han interrumpido jamás». La historia de la arquitectura es más extensa que la de cualquier otro arte y su análisis es importante para toda tentativa de observar la relación de los usuarios para con las pinturas o las esculturas.
Con sus reflexiones acerca de la pérdida del aura de las obras de arte en virtud de su reproducción técnica, Benjamin aludía a la operación de la vanguardia y quizá sin proponérselo, auguraba las profundas conmociones artísticas de la segunda postguerra, que desembocaron en el Pop art, los happenings y el conceptualismo.
Benjamin advierte la potencialidad emancipadora de la técnica mientras subraya su naturaleza devastadora en ciertas condiciones históricas. Por eso reprocha al siglo XIX no haber sabido «responder a las nuevas posibilidades técnicas con un nuevo orden social».

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