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Bernanke ratifica política y mercados agradecen
No hubo sombra de dudas en sus palabras: "La política monetaria está proveyendo un apoyo importante a la recuperación mientras mantiene la inflación cercana al objetivo del 2%". Los mercados, pues, no deberían dudar tampoco. En la cuenta de la contribución específica del QE, el mandamás de la Fed anotó su aporte como bujía de la resurrección del mercado de la vivienda y de las mayores ventas y producción de automóviles y otros bienes durables. "Al elevar el empleo y la riqueza de los hogares -por ejemplo, a través de precios más altos de la vivienda- estos fenómenos, a su vez, han propulsado el gasto y la confianza del consumidor", remató textual. Tocó un renglón sensible. El acuerdo de última hora que evitó el abismo fiscal podó la rebaja de dos puntos de los aportes personales de los trabajadores. ¿Cómo impactará en el consumo? Y el "sequester" en danza, el posible gatillo de recortes automáticos del gasto público a partir del viernes, podría mocharle (en lo que resta del año) un 0,6% a la errática marcha del producto bruto.
Se entiende así que Bernanke defienda el QE3. En la coyuntura, una política fiscal que se moviliza a contramano lo torna más valioso. Si funciona y no provoca inflación, ¿a santo de qué, en un cuadro raleado de crecimiento, iría la Fed a desconectarlo en un futuro próximo? Máxime cuando el banco central se propuso utilizarlo para talar el desempleo a niveles que nadie en la propia institución (ni aún los que se oponen a la iniciativa) avizora que sea posible acceder antes de 2014 (o 2015).
¿Cómo conciliar, entonces, las minutas, ásperas y enrevesadas, con las palabras libres de ambigüedad de Bernanke? Las anotaciones de cada reunión trajeron, sobre todo, tras las dos últimas, la descripción de un debate fragoroso creciendo en voltaje. La discusión está bien reflejada, mejor allí que en cualquier otra fuente pública. La Fed es un hervidero (no sólo la Fed, a decir verdad, sino todos los bancos centrales que han debido recurrir a la política monetaria no convencional); las opiniones de sus miembros son encontradas y, con frecuencia, se sacan chispas en recomendaciones antagónicas. Pero, ésta es la diferencia con el mutuo cerrojo político entre demócratas y republicanos, o con el Banco de Inglaterra, la toma de decisiones no está bloqueada por las discrepancias. Hubo toneladas de objeciones al QE2. No impidieron que irrumpiera. Y el QE3 repite la historia. El error de interpretación de las minutas -cometido en enero y, de vuelta, la semana pasada- consiste en "promediar" los puntos de vista vertidos y en pensar, luego, que la política monetaria va a encaminarse hacia dicho promedio. La realidad es muy distinta: la posición de la Fed, al lanzar el QE3 y recargarlo en diciembre, se ubica en un extremo del arco de opiniones y no en su centro de gravedad. Su accionar concreto está visiblemente sesgado hacia las preferencias de las palomas. Esto, que las minutas no dicen, el testimonio de Bernanke lo confirma con nitidez. Y no es un capricho: "como todas sus decisiones de política", la Fed "evalúa su programa de compra de activos en el marco de un esquema de costo-beneficio".
Bernanke pasó revista, como se dijo, a los pros y contras de una política monetaria de amplio relax. Con una omisión que no se hubiera producido meses atrás: la obligada referencia a la crisis de Europa. No está claro aún si el resultado de las elecciones italianas quebrará la tregua que gestó otro peninsular, Mario Draghi, al frente del BCE. Pero la inestabilidad de Europa es un riesgo latente y la atenuación de sus consecuencias es otro de los beneficios que Bernanke puede consignar a favor de persistir con su actual estrategia.


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