Un poco, e incluso un poco mucho, es razonable. Ahora, mucho es algo que requiere algún tipo de explicación. No, no nos referimos a la nueva suba del petróleo (ayer avanzó el 2,78% a u$s 102,4 por barril) sino a la nueva baja de las acciones sauditas, que cerraron en el mínimo de los últimos 23 meses. Si alguna Bolsa/economía depende de manera directa de los vaivenes del oro negro es la de Riad, la más grande y líquida del mundo árabe, pero la que más retrocede desde el 1 de febrero: el 13%. Lo curioso es que desde que comenzó la crisis Libia -por desgracia ahora con guerra civil; ojalá NU intervenga decretado la exclusión aérea para reducir el número de víctimas- el WTI subió un 19%, evidenciando que la anterior relación se destrozó. Esto parece vincularse al temor a que la revolución que estamos viendo en otras partes del mundo árabe haga pie en Arabia Saudita. Con la historia del envío de tanques a Bahréin (tardíamente) desmentida y con apenas la convocatoria para un día de furia los próximos 11 y 20 de este mes como señal opositora, a ojos occidentales la situación Saudita parece tranquila. Pero es claro que los inversores ven otra cosa (más inestable es Marruecos, donde ya se está diciendo que no es igual a los otros países; es cierto, ningún país del mundo árabe es igual a otro, pero los pedidos de representación democrática de su gente se parecen bastante en todos). Algunos se alegran que la crisis árabe nos permite hacernos los distraídos al hecho de que la deuda portuguesa hace 19 días que paga más del 7% (esto es más de lo que pagaban Irlanda y Grecia antes de salir a pedir auxilio) o que los EE.UU. están al borde de la cesación de pagos, pero hay cosas como que el oro marcó ayer un máximo histórico o que el franco suizo está en el punto más alto de su historia ante el dólar, que no podemos desconocer. Como ha venido sucediendo, esto y el magro 0,07% que ganó el Dow al cerrar en 1.2066,8 puntos, tuvo que ver con la suba del crudo.
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