Bernhard Sallman: sobre príncipes y archivos de nazis

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De ojotas y camisa suelta, Bernhard Sallman afronta el otoño porteño hablando sobre los Alpes austríacos, la Wehrmacht, lobos instalados en minas de carbón, el frío de los bosques de Brandenburgo, el suizo que quiso matar a Hitler, un barrio envidiable aunque tenga la mayor tasa de criminalidad de Berlín, un príncipe paisajista que llegó al corazón del Africa, los remanentes de un pueblo de la antigua Europa pagana, y su próximo viaje a Cochabamba, después de mostrar sus documentales en el Bafici, adonde vino invitado por el Instituto Goethe.

Periodista: Empecemos por la parte linda, «La libertad de los árboles» y «El Lausitz 20x90», de hermosos paisajes.

Bernhard Sallman: Una en 35 mm. y otra en 16, lástima que acá las pasen en digital. Registran el parque del príncipe Puckler-Muskau, hoy patrimonio de la humanidad, que él mismo diseñó entre 1815 y 1845, con gran criterio y grandes costos, porque paradójicamente el arte paisajístico implica trabajar fuertemente sobre la naturaleza, para que resalte su belleza. Además se negaba a cobrar la entrada, todos podían pasear por esos bosques cuya magnificencia hoy disfrutamos, pero él solo imaginó. Él lo decía, «lo mejor se verá recién dentro de 50 años».

P.: ¿También fue uno de los primeros blancos en llegar por el Nilo hasta las cataratas Victoria?

B.S.: ¡Un viaje de cinco años! Gran caminador, además de militar que peleó hasta edad avanzada, sufriendo los regimenes sajones y prusianos. Son notables sus libros de viajes y jardinería.

P.: ¿Qué significa Lausitz, o Lusatia?

B.S.: En idioma sorbo, tierra pantanosa.

P.: ¿En qué idioma dijo?

B.S.: Aún viven algunos sorben, o sorbos, hablando unos dialectos cercanos al polaco o al checo. Pocos alemanes logran entenderlos. Cuando empezó la cristianización, se refugiaron en los montes y pantanos, con sus dioses de la naturaleza. Solo se integraron mediante el sincretismo. Pero en la Edad Media empezó la explotación minera. Y hacia 1880, la industrialización más fuerte. Más de cien pueblos fueron destruidos para dar lugar a las minas de carbón. Por eso ellos hablan de genocidio a causa de la explotación minera, como señaló Peter Rocha, excelente documentalista de la RDA, en «Dolores de Lausatia», la tercera de las obras que les dedicó.

P.: Ahora esas minas están abandonadas.

B.S.: Entre 1989 y 1992 se cerraron muchas minas a cielo abierto, poco rentables. En consecuencia se fue el 75% de la población, edificios que no se demolieron se volvieron taperas, la tierra va tapando el asfalto, cesaron las bombas de extraer agua, que empezó a crecer, como las plantas, etc. Pronto las aves migratorias advirtieron el cambio y empezaron a hacer paradas de descanso. Y los lobos, tras la caída del comunismo en Polonia y Ucrania, tuvieron la oportunidad de emigrar para Alemania.

P.: ¿Cómo es eso?

B.S.: Por razones políticas, las fronteras estaban muy vigiladas, imagine alambres de púa, luces, armas. Por instinto ellos evitan acercarse a los humanos. Pero ahora andan tranquilamente como dueños por el paisaje postindustrial que la naturaleza está recuperando.

P.: ¿Es cierto que para 2015 habrá allí un lago de 30 kilómetros de largo, como dice alguien en su película «Sueños de Lusatia»?

B.S.: La idea del 2015 suena mejor que la de «2012», pero quien la dice también muestra sus dudas. Tras tantos años de perforaciones la tierra quedó toda revuelta con carbón, así que el agua podría volverse ácida. Quizá las aves dejen de venir. Estamos a la expectativa. También se impulsa el regreso a la naturaleza, pero ahí no van ni los hippies. Yo solo entrevisté a cuatro veteranos y un joven solitario.

P.: No se ve una sola mujer, ni en «Sueños...» ni en «400 km. Brandenburg».

B.S.: No es que quise hacer películas solo de hombres, sino que en un caso las mujeres emigraron, y en el otro hacía un frío tremendo, que remarcamos con película 400 ASA. El título original era «Hace frío en Brandenburgo», como el de ese documental sobre el joven suizo que quiso matar a Hitler.

P.: ¿Un suizo quiso matar a Hitler?

B.S.: Era un seminarista que se llamaba Mauritz Parvot, un periodista escribió sobre él y tres suizos le dedicaron ese film «Hace frío en Brandenburgo», una obra con una puesta en escena muy fuerte, que provocó grandes debates entre los germanos.

P.: A propósito, ¿qué es «German Agency»?

B.S.: La oficina donde trabajé, y luego filmé mi primera película. Ahí, en enormes hileras de ficheros, está el archivo de la Wehrmacht. La burocracia nazi fichaba todo, y los aliados decidieron mantenerlo todo. Hasta 1994, cuando los aliados salieron definitivamente de Alemania, esa agencia era administrada por Francia, pero el personal fue siempre alemán. Me sorprendía la importancia de esos documentos, porque muchas veces venía la policía a investigar crímenes ocurridos durante la guerra. Hablo de mediados de los 90, cuando además se incorporaron documentos de la Wehrmacht provenientes de Bulgaria, Rusia, y otros países, y hablo también de los últimos procesos a criminales nazis, porque ya murieron casi todos.

P.: Hablando de crímenes, usted vive en Neukölln, que tiene la mayor tasa de criminalidad de Berlín.

B.S.: Ah, si, le dediqué una película. Para mí es un barrio lindo, percibo mucha amistad, vecindad, espacios verdes, muchas bicis, buenas veredas para circular en silla de ruedas, es un film optimista. Tiene una tasa mayor a la media, es cierto, pero sospecho que más bravos son algunos lugares que hay por acá, viniendo de Ezeiza.

Entrevista de Paraná Sendrós

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