16 de diciembre 2008 - 00:00

Bettie Page: las curvas que desafiaron a McCarthy

Una de las primeras postales, inocentes, que caracterizaron a Bettie Page, quien en los 50 se convertiría en el mayor ícono de la sexualidad reprimida por el maccarthismo.
Una de las primeras postales, inocentes, que caracterizaron a Bettie Page, quien en los 50 se convertiría en el mayor ícono de la sexualidad reprimida por el maccarthismo.
«Esto no le habría sucedido si practicara el arte de la defensa personal jiu- jitsu». Este tipo de notas al pie solían leerse como epígrafe de las fotos «bondage» de Bettie Page, maniatada, generalmente no vistiendo mucho más que sus zapatos de taco aguja. Corría la década de 1950 y los fotógrafos y editores norteamericanos, que vendían estas fotos de Bettie sólo por suscripción y correspondencia, debían cubrirse de algún modo en cuanto a los aspectos legales de su osada imaginería.
Bettie Page murió el pasado 11 de diciembre de una neumonía a los 85 años. Sin embargo, su primera desaparición data de medio siglo atrás, cuando en 1957, en el momento de su mayor fama, simplemente se esfumó y durante décadas no se supo nada de la pin up más famosa de todos los tiempos.
Bettie Page posó para unas 20 mil fotografías entre 1951, cuando la descubrió un retratista amateur, y 1957. También filmó alrededor de medio centenar de cortos de burlesque con títulos como «Striptorama». Aunque hoy este material es hasta ingenuo, en los años del maccartismo y la Guerra Fría fue el non plus ultra de la obscenidad, al punto tal de que luego del momento de mayor fama de Bettie, cuando fue elegida para el número de Navidad de «Playboy» de 1956, la justicia federal se lanzó a una caza de la beldad de flequillo negro y bikinis atigradas.
El responsable de las fotos «bondage» de Bettie, el fotógrafo Irving Klaw, fue quien más sufrió esta persecución. La pin up sostuvo que si bien tenía la mejor predisposición para el nudismo, y que inclusive alguna vez pensó en ingresar en una colonia nudista, no le ocurría lo mismo con el «bondage» y la estética del sadomasoquismo, sólo que Mr. Klaw no pagaba a sus modelos por las tomas eróticas convencionales si éstas no aceptaban hacer algunas otras fotos atadas con sogas, esposadas, con una fusta o un látigo en la mano.
El resultado de la campaña antipornografía de la que fue centro Bettie en 1957 fue la destrucción de cientos de negativos de sus fotos, cuya reimpresión constituyó un delito según la ley estadounidense por varias decadas. Con seguridad, este fue el detonante para que esta muchacha sureña, que podía vivir desvestida pero que odiaba la gente que usaba malas palabras, sufriera la crisis personal que truncó su carrera profesional.
Primero intentó vivir una vida normal y se volvió a casar. Antes lo había hecho con un novio de su adolescencia, pero el matrimonio no funcionó, y al segundo tampoco le fue mejor: esta voluptuosa beldad no estaba hecha para la vida en pareja.
Luego, Bettie se convirtió en una cristiana renacida, arrojó a la basura todo su vestuario erótico, incluyendo unas bikinis de Frederick's de Hollywood cuya pérdida lamentaría décadas más tarde, y se ofreció como misionera, lo que le fue negado por la alta jerarquía evangelista.
Sin embargo, llegó a convertirse en cercana colaboradora del pastor Billy Graham, con quien trabajó durante largos años hasta que a fines de los años '70 sufrió ataques de esquizofrenia que la llevaron a intentar apuñalar al menos a dos personas, y tuvo que ser recluida en una clínica psiquiátrico durante más de un año.
En los años 80, mientras Bettie seguía en las sombras del anonimato por el que había optado, su inolvidable figura de pin up nudista empezó a convertirse en una especie de ícono de la cultura pop. En uno de los primeros reportajes telefónicos que le hicieron por aquella época confesó no tener un centavo, pero se negó a que le tomaran nuevas fotos: quería que la recordaran joven y sonriente como en sus mejores años, y poco a poco logró volver a controlar parte de las licencias de sus productos, incluyendo un amplio merchandising que incluyó desde muñecas tipo Barbie hasta naipes, así como cualquier producto que llevara su imagen. Su popularidad no dejó de crecer desde entonces hasta el momento de su muerte: su sitio oficial, abierto hace cinco años, registra unos 555 millones de visitantes desde el momento de su inauguración.
Reencontrada con la actividad que la hizo famosa, de todos modos Bettie Page continuó con su vida y paradero misteriosos durante sus ultimos años, en los que reapareció de vez en cuenado -siempre sin fotos actuales- para explicar a sus fans cosas como: «Ni siquiera entiendo bien qué es un ícono. Nunca traté de escandalizar o de shockear a nadie. Ni mucho menos intenté cambiar la sociedad. Jamás me consideré una pionera de nada. De hecho no creo que me puedan considerar una mujer liberada».

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