- ámbito
- Edición Impresa
Beyoncé: ante todo, un show espectacular
Rodeada por una puesta de gran despliegue, musicalmente, Beyoncé fue fiel a un estilo que puede asociarse con el rythm & blues y el soul, pero siempre con un pie en el pop más industrial.
Con Beyoncé valen las comparaciones y las asociaciones estéticas con Madonna, Shakira o Britney Spears. Porque son todas mujeres de la posmodernidad, que juegan al erotismo desde cierta actitud aniñada, esconden los límites entre el glamour y una sexualidad algo sobreactuada, no son ni puramente cantantes ni puramente bailarinas ni puramente actrices sino todo al mismo tiempo, piensan sus espectáculos de manera integral (vestuario, luces, sonido, repertorio, grupo acompañante, pantallas, etcétera). Y, además, porque son producto de lo más evidente del «show business», se mueven por el mundo más como estrellas que como artistas, se acomodan a los mandatos estilísticos del pop masificable sin problemas. No casualmente, entonces, esta cantante que terminó de explotar con su tercer y más reciente disco, «I am. Sasha Fierce», editado en 2008, haya sido tan premiada en la última entrega de los Grammy, al punto de que se llevó seis de las estatuillas para las que estaba nominada.
En función de todo esto, hay que decir que su debut argentino en un espacio que acaba de abrirse para los shows internacionales y ante unas 10.000 personas, Beyoncé estuvo cómodamente a la altura de lo esperado. Fue fiel a un estilo que puede asociarse con el rythm & blues y con el soul pero que tiene un pie permanente en el pop más industrial. Presentó una banda numerosa integrada por mujeres, con base rockera pero con fuerte presencia de percusión -dos baterías además de una percusionista- y vientos. Mostró una puesta trabajada con un gran despliegue de imágenes en pantallas gigantes repartidas en diferentes lugares de la escena, dejó lucir a las voluptuosas bailarinas y coristas, e hizo innumerables cambios de ropa (casi siempre ajustadísima y brillante).
El recital pasó por varias de las canciones de su último álbum: «If I were a boy», «Diva», «Halo», «Ego», «Video Phone» y, por supuesto la exitosísima «Single Ladies». Volvió sobre éxitos anteriores, como «Crazy in love» -con la que abrió el show-, «Naughty Girl», «Baby Boy», «Say My Name» o «Bootylicious», estas dos últimas de la época de su grupo Destinys Child, y no se privó de su propia interpretación del «Ave María».
Las dos horas de su actuación fueron una buena medida para las miles de chicas -muchas de ellas muy jovencitas y hasta niñas- que la ovacionaron con canciones que casi siempre inducen al baile. La multitud agradeció la entrega y la alegría; y quedó claro que, más allá de los matices en cada caso, el pop sigue siendo el territorio más productivo para el negocio de la música, que está reacomodando sus modos de producción.


Dejá tu comentario