13 de mayo 2013 - 00:00

Billetera mata ley del mercado: se mutó al “compre todo” en mayo

José Siaba Serrate - Economista
José Siaba Serrate - Economista
¿Vender en mayo? ¿O comprarse todo? El "sell in May" claudica ante la avalancha de medidas de estímulo. Billetera mata refrán. Las iniciativas brotan por doquier, más allá de las fronteras del G-7. El día después de la baja de tasas del BCE, el Banco de la Reserva de la India inauguró la procesión. La semana que pasó, los bancos centrales de Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Polonia se añadieron a la marcha. Los rindes se desploman, y nadie quiere quedarse atrás. Hay que consignar que los cuatro recortes fueron sorpresivos, no estaban en la carpeta de los pronósticos. Entiéndase bien: no se quiere quedar pegado con la "figurita" difícil de canjear, la apreciación de la propia moneda. En ese sentido, la avalancha es hija natural de las "Abenomics", la estrategia ultraexpansiva que dicta Shinzo Abe desde Tokio, y de la decisión política que lo apañó, y que salió a la luz tras la última reunión de ministros del G-20. Allí se dictaminó: no hay guerra de monedas, sino carrera (lícita) de estímulos.

El fervor actual por las Bolsas deviene de la desesperación por capturar rendimientos antes que éstos se extingan. Qué mejor imagen para alentar la prisa que la invocación del astuto Mario Draghi, titular del BCE, sobre una eventual "tasa negativa". La carrera cobró así la velocidad de un sprint. Cuando, en rigor, el recorrido para dejar atrás la crisis es un extenso maratón. El ritmo no se podrá sostener. Ya calmará.

Tras mucho remar en soledad, ahora la Fed goza de enorme compañía. No hay programa reflacionario más audaz que el QQE de Japón. Y las últimas dos semanas, los inversores nipones comenzaron a comprar bonos fuera de su país (luego de ser tenaces vendedores netos desde enero de 2010). ¿Qué levante la mano el que está por perseverar en la senda de la austeridad? Después del mitin del G-20, sólo Alemania y el partido republicano de EE.UU. No obstante, la canciller Merkel también aboga por renovar su mandato en septiembre. Por eso concedió más tiempo para alcanzar las metas de los programas de ajuste en la eurozona. Y lo deja hacer a Draghi. Hacer es una forma de decir; lo deja prometer, algo que -en sus labios- es una herramienta más poderosa aún. El último rumor que viene de Fráncfort: que el banco central comprará "pronto" activos tóxicos de la banca de la periferia, según escribe Die Welt. Corolario de la intervención agregada Banco de Japón-BCE: Portugal y Eslovenia emiten bonos a precios de futuro brillante; el Tesoro español obla tasas a largo plazo menores que antes de la crisis europea. Vale como botón de muestra.

Los inversores retozan a sus anchas, pero la Fed no está cómoda con tamaña efervescencia. Nos lo hizo saber el viernes con suma nitidez. Ben Bernanke, por primera vez, vertió declaraciones que pueden juzgarse hostiles al QE3.

Alertó sobre los riesgos de una excesiva asunción de riesgos en los mercados financieros, fruto de la búsqueda de rendimientos a toda costa. El tema no es nuevo, las minutas lo recalcan, pero Bernanke es quien corta el bacalao. Y si apunta que el QE3 tiene espinas, cuando antes no las veía, es que quiere sacárselas. A la par, el Wall Street Journal publicó lo que bien podría ser un Bernanke off the record: dice que la Fed tiene listo el mapa con la ruta de salida del QE3. De vuelta, el boceto está en las minutas, pero el "timing" es el mensaje. Y así, de repente, como quien no quiere la cosa, surge un coro de voces oficiales que se repite como disco rayado. Esther George, Richard Fisher, Charles Plosser, todos ellos piden bajar la dosis de QE3.

Los inversores han hecho caso omiso al lema del "sell in May" (se plegaron a su versión amigable; la del año poselectoral). Wall Street cotiza en la cima. La suba fulminante del dólar (entre jueves y viernes, la más punzante desde diciembre de 2011) dañó al oro y a las materias primas, a los bonos del Tesoro (llevó la tasa a diez años al 1,90%) y les cortó el vuelo a las acciones de los mercados emergentes a metros de haber despegado. El bastión intacto: la propia Bolsa de NY, la quinta que Bernanke debe cuidar de los excesos. ¿Qué hará la Fed? Ya avisó que está en condiciones de "aumentar o reducir" el tamaño del QE3. ¿Querrá Bernanke apretar el gatillo? Lo que busca, en principio, es apaciguar la exaltación del momento. La Fed tiene todo un mes largo, hasta el 18 y 19 de junio, para machacar su mensaje. La pregunta es, ¿qué harán los mercados? Ignoraron un viejo adagio, ¿reconocerán la máxima de no pelearse con la Fed? El "sell in May" es brujería. Y las brujas no existen. Pero la mesa del banco central atiende en el 33 de la calle Liberty. Si la efervescencia estorba y no cede, poco le costará a Bernanke montarse a la escoba.

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