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Boca y Palermo recuperaron la memoria
El festejo del Titán. Martín Palermo grita con todo su gol. Es el primero que hace en el torneo Clausura.
Fue lejos la mejor actuación de un Boca que en las primeras 10 fechas había juntado nada más que 11 puntos y nunca había jugado bien, ni siquiera en sus tres victorias, que fueron por la mínima diferencia y sin merecerlo.
Boca tuvo seguridad defensiva, equilibrio en la mitad de la cancha y contundencia ofensiva. Ganó sólo por tres goles de diferencia, con lo amplio que es ese marcador, porque todos se empecinaron en que Palermo rompiera su mala racha y el goleador se perdía un tanto tras otro hasta que consiguió romper el maleficio.
Boca no tuvo a Riquelme, pero tuvo en Cristian Chávez a un enganche con talento y en Walter Erviti (en su mejor partido con esta camiseta) en su socio privilegiado y a Diego Colazo como un pistón que recorría con criterio el carril izquierdo. Adelante, Pablo Mouche desbordó por los dos costados y Palermo estuvo muy activo, aunque sin suerte para definir.
Enfrente Huracán fue once voluntades diseminadas por el campo de juego, sin idea de equipo y con fallas individuales y colectivas garrafales. Dio todas las facilidades y Boca compró.
Primero por Cristian Chávez, tras gran desborde de Mouche, después por Diego Colazo, con un golazo que arrancó cuando sacaron del medio en el segundo tiempo y después el esperado de Palermo, también gracias a Mouche.
Pudieron ser media docena más de goles, porque hubo casi un monólogo del equipo de Julio Falcioni, que mostró una coordinación que hasta allí no había mostrado. No hubo errores defensivos, tan característicos en las pelotas aéreas y el equipo tuvo presión para recuperar la pelota y pausa para manejarla.
Boca recuperó la memoria y ahora hasta se anima a pelear el campeonato.


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