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Bolsas: el mundo es un polvorín, pero el Dow Jones no se rinde
No es, pues, el mejor escenario para un mercado "bull" (alcista). En Europa la factura fue tremenda. Alemania, Polonia, Irlanda e Italia, por ejemplo, ya se internaron en una corrección del 10% o más. Con un bajón pronunciado, Grecia (-23%) y Portugal (-30%) volvieron a sumirse en territorio "bear". Pero, hoy por hoy, Europa es la excepción y no la regla. Los mercados emergentes siguen a flote, más allá del chapuzón. Y Wall Street que, como siempre, tiene la última palabra, está cansada, si se quiere descreída y golpeada por el cimbronazo, pero lejos de cualquier atisbo de rendición. Y el viernes clavó una reacción fulminante, una suba de más del 1% a contrapié, como para demostrar que los reflejos están intactos y dispuestos a sacar provecho de la menor oportunidad.
Si algo puede hundir a un mercado alcista es un gran número de inversores alcistas. Y ese riesgo, que nunca fue muy alto, se disipó aún más. Hoy en Wall Street los escépticos son nítida mayoría: el 38% de los inversores minoristas avizora, para los próximos seis meses, una retracción de las cotizaciones. Sólo el 30% declara lo contrario. Pasó un año, desde la semana del 22 de agosto de 2013, sin registrarse una brecha de pesimismo tan amplia. Tantas penurias geopolíticas, más su prometido reguero de adversidades económicas, y la propia debilidad reciente de los papeles cebaron una visión sombría. Quizá demasiado oscura, demasiado rápido. No importa qué indicador se mire, todos describían el jueves un cuadro de marcada sobreventa de las acciones. La totalidad de los sectores del S&P 500 -a excepción de tecnología- compartían el cuadro. Que sólo el 23% de las acciones del índice cotizara por encima de su media de 50 ruedas -otro indicio de exageración bajista- anticipó una pista del contragolpe en ciernes. Y el viernes, con las "noticias" que referían la intención rusa de quitarle voltaje al conflicto en Ucrania (tan fáciles de producir como de revertir), la caballería de Wall Street volvió a la carga. No está muerto quien pelea.
El mercado lateral, pues, está en plena construcción. Hay que definir la geografía de su rango de precios. Conocemos el "techo", los máximos aún recientes, pero difíciles de volver a alcanzar por algún tiempo sin drásticos cambios favorables: un tris por debajo de los 2.000 puntos del S&P 500. Hay que establecer el piso. Y el rebote fulgurante nos sugiere una hipótesis tentativa: 1.900. Pero no hay apuro. Sabemos que ni la geopolítica ni la suerte de Europa les quita el sueño a los inversores de Wall Street. Es la Fed, la retórica que, sin tapujos, acerca inquietantes novedades. Una síntesis de tres opiniones -las de los presidentes de distrito, Richard Fisher, Jeff Lacker y Dennis Lockhart- nos recrea el microclima. El halcón Fisher nos dice que votó con el consenso, porque el consenso se arrimó a su postura de anticipar la suba de tasas. Lacker -otro áspero- completa: el mercado subestima la magnitud que tendrá la suba. Al final, Lockhart, del ala pacifista, añade que todo puede ser, pero que hoy en día no se prevé que la faena comience antes de junio de 2015.
Con la cita de Jackson Hole agendada para el jueves de la semana próxima, sólo resta esperar. Allí Janet Yellen nos dirá mejor que nadie qué se trae entre manos. Es temprano, pues, para el suicidio o el festejo. Un mercado errante con moderación, que divague hacia los costados y evite graves pronunciamientos, parece el compañero de ruta obligado para matizar la vigilia.


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