24 de octubre 2018 - 00:00

Bolsonaro, ¿cerca de Trump, lejos de China y aislado?

Promete vincularse con Estados Unidos, Israel e Italia, mientras que lanza gestos inamistosos a una potencia insoslayable como China. Sus excesos verbales serán una barrera con varios líderes mundiales.

FAN. Bolsonaro apostó en su campaña por defender el modelo de Trump. Días atrás, se declaró “admirador” del presidente estadounidense.
FAN. Bolsonaro apostó en su campaña por defender el modelo de Trump. Días atrás, se declaró “admirador” del presidente estadounidense.
Río de Janeiro - El ultraderechista Jair Bolsonaro, favorito para ganar el domingo la presidencia de Brasil, pretende aliarse con Donald Trump para dar un vuelco a la política externa de la mayor potencia latinoamericana.

"Trump quiere que Estados Unidos sea grande. Yo también quiero un Brasil grande", afirmó el excapitán del Ejército, que cuestiona la búsqueda de alianzas sur-sur de los gobiernos de izquierda (2003-2016) y siembra dudas sobre la permanencia de Brasil en instancias multilaterales como el Acuerdo de París contra el cambio climático.

Bolsonaro puede llegar a "ser bastante parroquiano y pensar solo en Brasil", opinó Michael Shifter, director del centro de estudios Diálogo Interamericano, con sede en Washington.

Aun así moverá las fichas diplomáticas. Y sobre el tablero están cuestiones como la estratégica relación con China, el eventual traslado de la embajada brasileña en Israel y la crisis en Venezuela.

El candidato no se mordió la lengua para cuestionar a "la decadente" Venezuela, así como a Cuba. "Dejaremos de elogiar a dictaduras asesinas y de despreciar o atacar a democracias importantes como Estados Unidos, Israel e Italia", sostuvo.

En su intento de agradarle a Trump y asegurar el apoyo de las poderosas iglesias evangélicas, Bolsonaro anunció su intención de mover la embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. También le prometió al Gobierno italiano que extraditará al exmilitante de izquierda Césare Battisti, condenado a cadena perpetua en el país europeo.

De concretar lo primero, generaría tensión con el mundo árabe y "pondría fin al principio de neutralidad en el conflicto entre israelíes y palestinos", advirtió Thomaz Favaro, de la consultora Control Risks.

Aunque para posicionarse como aliado de Trump, "falta saber si habrá reciprocidad", agregó. El líder estadounidense ya se quejó de "lo difícil" que es hacer negocios con Brasil a raíz de sus barreras arancelarias. Pero viene sumando aliados frente al Gobierno de izquierda de Venezuela, sondeando la posibilidad de una opción militar, y presiona a México y los centroamericanos por la crisis migratoria.

Al mismo tiempo, negocia con Brasil el uso de la base de lanzamiento de satélites de Alcántara, una opción denunciada por sectores nacionalistas brasileños, que la ven como una pérdida de soberanía. El excapitán podría tener la última palabra al respecto.

Si bien Bolsonaro tendrá mucho por hacer en casa, sus decisiones en el frente externo podrían aislar a Brasil, advirtió Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas. "No aprecia el multilateralismo; no le interesa la integración regional. Debido a su retórica, vamos a tener mucha dificultad en tener relaciones fuertes con países que lo pensarán dos veces antes de encontrarse con el presidente Bolsonaro", remarcó.

El exoficial, defensor de la dictadura militar (1964-1985) y de sus métodos de tortura, planea flexibilizar el porte de armas y dejar a la policía con las manos libres para actuar contra el crimen. Esas opciones le valieron comparaciones con el presidente filipino Rodrigo Duterte y su cuestionada guerra contra las drogas.

Mientras quiere congraciarse con Estados Unidos, Bolsonaro envió señales inamistosas a China, el principal socio comercial del país desde 2009 y uno de sus mayores inversores. Primero visitó Taiwán -cuya soberanía no es reconocida por Pekín- y luego soltó que el gigante asiático estaba "comprando Brasil".

"Si la situación económica sigue complicada, no tendrá más opción que profundizar" el trato con los chinos, remarcó Shifter. Brasil recién se está recuperando de dos años de recesión (2015-2016) y una mala relación con Pekín "tiene un costo económico gigante", coincidió Stuenkel.

Pese a sus declaraciones, el exembajador de Brasil en Estados Unidos Rubens Barbosa estima que una vez en el poder, Bolsonaro "atenuará" sus posiciones más radicales.

"Lo que vamos a tener es una política externa liberal y de aproximación a países desarrollados, abierta a la negociación de acuerdos comerciales y con posición muy firme en cuanto a la protección de las fronteras (frente al crimen) y en relación con Venezuela", sostuvo.

Agencia AFP

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