22 de octubre 2009 - 00:00

Boogie regresa en asombroso 3D

Pese a que la trama no siempre da en el blanco (lo que notarán, sobre todo, los fanáticos de Fontanarrosa), el film de Gustavo Cova es fiel a la furia y la incorrección del personaje y, visualmente, espectacular.
Pese a que la trama no siempre da en el blanco (lo que notarán, sobre todo, los fanáticos de Fontanarrosa), el film de Gustavo Cova es fiel a la furia y la incorrección del personaje y, visualmente, espectacular.
«Boogie el aceitoso» (Argentina, 2009, habl. en español). Dir.: Gustavo Cova. Film animado. Voces: Pablo Echarri y Nancy Dupla.

El mercenario, asesino a sueldo y maltratador de mujeres Boogie el aceitoso es tal vez la mayor creación de Roberto Fontanarrosa, que utilizó este crimiinal despiadado para volcar todo su humor negro, audacia gráfica y corrosiva ideología contracultural. Durante muchos años, el actor Javier Portales soñó con meterse en la piel de este personaje que, parodiando el cine negro, hacia quedar al «Harry el sucio» de Clint Eastwood como una mezcla de boy scout y monaguillo. Si no lo hizo, seguro fue, entre otras cosas, debido a que en el contexto del cine argentino una película de semejante nivel de violencia explícita -aun en tono de comicidad macabra e ironía política- parecía una utopía.

Por eso, lo mejor de esta versión animada -¡y en 3 D!- es mantenerse fiel a la furia que emana este personaje clásico del comic criollo, sin aligerar ni una pizca su impresentable incorrección política. Todo el racismo, el machismo y el desprecio por la vida humana de este killer, que no tiene ningún drama en masacrar mujeres y niños sin pestañear, esta aquí puesto en movimiento como es debido, incluyendo vocalizaciones sorprendentemente adecuadas a cargo de Pablo Echarri que, en realidad, ni debería ser mencionado para confundir: la voz que surge desde la pantalla no parece la de ningún otro que del mismísimo Boogie el aceitoso.

Técnicamente muy sólida, por momentos también muy creativa e innovadora, la película funciona especialmente bien cuando se concentra en los sintéticos gags salidos directamente de las ya clásicas historietas. Cuando se aleja en otra dirección, en la entendible búsqueda de una trama argumental que sostenga las andanzas del personaje durante casi una hora y media, el resultado es menos parejo, dando lugar a algunos baches narrativos y a gags no tan eficaces.

La historia de Boogie, secuestrando a la ex novia de un jefe mafioso abandonada y convertida en testigo contra el gángster, sirve para darle un buen lugar a Marcia, un atractivo personaje con la voz de una Nancy Dupláa que logra reproducir con talento el estilo de las chicas de viejas series de TV dobladas al castellano. Pero también introduce personajes menos interesantes y un poco más insertados a la fuerza, como una especie de rival de Boogie medio ninja y mefistofélico, pero no demasiado divertido.

Claro que, si bien el guión no siempre da en el blanco, desde lo visual siempre hay algo atractivo para mantener la atención del espectador, como las espectaculares escenas de acción con un tono más naturalista que, sin desvirtuar el espíritu del comic, aportan un toque moderno al conjunto. El director se apoya especialmente en la potente banda sonora de Diego Monk, que recorre varios estilos, empezando por rock fuerte y climas jazzísticos, y que se conjuga especialmente con las imágenes en dos de las secuencias más logradas: una que parodia al western spaghetti y una escena onírica en la que la música flower power acompaña psicodélicos sueños belicistas de Boogie. Según se conozca la historieta de Fontanorrosa o no, esta leal adaptación puede mejorar, empeorar o convertirse en un film de culto por derecho propio. De hecho, quien no haya visto ni un cuadrito del comic, quizá descubra la pólvora -casi literalmente hablando- y considere que éste es uno de los mejores y más audaces films animados que vio en su vida. Y quien lo juzgue desde la severidad y el rigor del fanatismo a la creación original de Fontanarrosa, quizá podrá disentir en algunos puntos, pero de ningún modo podrá dejar de disfrutar con la alucinante lluvia de balas en 3D que surgen de la pantalla para acribillar a quemarropa al espectador, como nunca se ha visto en ningún cartoon conocido.

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