14 de enero 2015 - 00:00

“Borges me dio la pista de cosas que cuento en el libro”

Balmaceda: “Conocer la vida de cada palabra nos acerca a su esencia y nos pone en condiciones de comunicarnos con  mayor profundidad”.
Balmaceda: “Conocer la vida de cada palabra nos acerca a su esencia y nos pone en condiciones de comunicarnos con mayor profundidad”.
 En la antigua Roma para poder ser candidato había que vestirse de transparencia y sinceridad, estar baqueteado es sentirse como si se hubiera atravesado un duro castigo que nos dejó molidos, cuando hay un "tole tole" es porque se quiere crucificar a alguien, estas son algunas de las cosas que se encuentran en "Historias de letras, palabras y frases", el nuevo libro, que publicó Sudamericana, donde Daniel Balmaceda, según él mismo confiesa, "intenta recrear instantes cruciales del pasado donde surgió parte del manantial de voces que nos acompañan todo el tiempo". Libro que continúa y amplía el anterior "Historia de las palabras".

Daniel Balmaceda es periodista (UCA), miembro de la Sociedad Argentina de Historiadores. Ha publicado, entre otros libros, "Romances turbulentos de la historia argentina", "Historias insólitas de la historia argentina", "Historias de corceles y de acero". "Romances argentinos de escritores turbulentos". Dialogamos con Balmaceda sobre su nuevo libro.

Periodista: ¿Cuándo comenzó su interés por descubrir el origen de expresiones y frases curiosas que se usan en nuestro país?

Daniel Balmaceda: Hace unos veinte años escribía en una revista especializada para traductores sobre etimologías y orígenes de las palabras. Eso lo seguí investigando como un entretenimiento. En un momento me pareció que valía la pena compartir lo que había ido encontrando y escribí "Historia de las palabras", donde estaba el resultado de mis investigaciones más la recopilación de aquellas notas. No me imaginé que el tema iba a entusiasmar a tantos lectores. Tenía una serie de palabras en las que había trabajado y no había terminado de resolver su génesis, y que por eso no las había publicado. Eso hizo que luego de un tiempo tuviera un nuevo conjunto. A la vez había gente que me pedía una segunda parte de aquel libro, cuando yo no pensé jamás en eso. Después de todo cómo resistirse a contar la historia del hombre que nos legó la jota antes de ser lanzado al Sena o el evasor que murió en la cárcel pero nos dejó un signo matemático fundamental, el signo igual, inventado por el galés Robert Recorde en el siglo XVI.

P.: Usted pasa de frases que son modismos habituales, que van mutando con el paso del tiempo, como "hablando de Roma..." a descubrir de dónde viene el calificativo "gorila".

D.B.:
"Hablando de Roma" se tomó de la frase inglesa "speak of the devil and he doth appear", es decir "hablá del diablo y él va a aparecer", que era algo que se le decía a los campesinos de los feudos tratando de instarlos a que no pequen, que no piensen en el diablo, en el bien y en el mal, porque se les va a aparecer, que mejor no piensen en nada. Eso se transformó en español en "hablando del ruin de Roma, por ahí asoma", el ruin de Roma, y el malvado del Vaticano es el diablo. Eso en la Argentina mutó, y se incorporó el burro. En ningún otro país de habla hispana se dice "hablando de Roma, el burro se asoma", perdió el sentido religioso para informar que la persona que está siendo mencionada en la conversación está a punto de sumarse al grupo. En cuanto a "gorila", que terminaría simbolizando al antiperonista, apareció justo antes de la llamada Revolución Libertadora, en 1955, como una canción en una parodia que se hizo en el exitoso programa radial "La Revista Dislocada" de la película "Mogambo". En la película, cuando dos compañeros de un safarí conversaban junto al fuego del campamento, se escuchaban ruidos extraños, y uno de ellos decía "deben ser los gorilas". De ese modo los gorilas de "Mogambo" se quedaron en la Argentina para siempre.

P.: Sobre el tema mar está la frase "la mar en coche", que se suele usar por tener de todo.

D.B.: Acaso equivocadamente. Es una frase que comenzó a escucharse a comienzos del siglo XX. En aquellos tiempos, poder pasar una temporada en las playas era un lujo reservado a muy pocos, quien podía hacerlo era una persona de mucho privilegio. Nadie, salvo los muy pudientes, se tomaba vacaciones en esa época. Si a eso se suma tener automóvil, disponer de un auto en el que trasladarse, un medio de transporte costoso y que requería además de chofer, un mantenimiento, era algo que estaba fuera del alcance de las masas. Esas vacaciones en la playa eran lo máximo de lo máximo. Una imagen lo da la casa de las Ocampo en Mar del Plata. Así surgió la expresión "ir a la mar en coche" que se mantiene abreviada, y se dice "la mar en coche" como símbolo de lujo y excesos, y de ahí quizá algunos la hayan pasado a designar a tener de todo.

P.: Muchos son los autores que sienten el placer de encontrar la genealogía de las palabras, el sentido oculto, entre nosotros un caso emblemático es el de Borges.

D.B.: Siempre me sedujo ver de qué manera Borges buceaba en las palabras, siendo alguien que era un estilista, que manejaba de manera sabia sus herramientas. Borges quería conocer a fondo las palabras, las de la tradición, pero también las de todos las que surgían en el habla diaria. Cuando uno se encontraba con Borges y le decía un apellido, él inmediatamente comenzaba a pensar de dónde provenía, el porqué de ese apellido, cuál era su origen. Eso mismo lo hacía con frases o títulos de libros. En mi libro cuento la historia del nombre del hígado, y el que me dio las pistas de la relación con la alimentación con higos, y que a los gansos para hacer el paté se los sobrealimentaba con higos, fue justamente Borges. 

P.: Entre las curiosidades porteñas de su libro están "las alpargatas de Gardel".

D.B.: Gardel fue claque, aplaudidor. El del aplaudidor es un gremio cuya creación se atribuye a Lope de Vega, que contrató a unos aplaudidores para ayudar a una actriz. Pero fue en Francia donde se generó un formidable negocio de los profesionales del aplauso. Pero nunca dejó de haber alguna competencia desleal y algunos autores les daban unas monedas a ciertos asistentes de la zona popular llamada "el gallinero" para que patalearan, para que reprobaran así la obra de su colega. Esto podía ser fatal para el dramaturgo insultado porque el pataleo, los abucheos y silbidos podían condenar al fracaso. El antídoto era la claque. En la Argentina ese negocio entró con los cantantes líricos italianos, a comienzos del siglo XX, casi como parte del elenco. En eso trabajó Gardel cuando era adolescente- Y él decía que lo que cobraba por aplaudir no le alcanzaba para pagar lo que gastaba en alpargatas para ir hasta el teatro.

P.: ¿Ahora en qué está trabajando?

D.B.: Estoy preparando una recopilación de textos que había publicado en prensa gráfica para armar un anecdotario de la Argentina. Son pequeñas historias de personalidades muy conocidas. Por caso, cuando enfrente de la casa de Bartolomé Mitre se cortó el gas, y pidieron al mucamo que cruce a buscar al portero de los Mitre que sabía hacer ese tipo de reparaciones, y como no lo conocía lo vio a Mitre y le dijo: dice la señora que venga a arreglarle el gas. Y así fue como Mitre se convirtió en gasista por hacerle una gauchada a una vecina.

Entrevista de Máximo Soto

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