11 de junio 2013 - 00:00

Borges tendrá su estatua en la Biblioteca Nacional

El monumento a Borges presenta pequeños problemas estilísticos, como la representación de la boca, y el mentón, o la dimensión de la cabeza, acaso un tanto grande para los usos de la estatuaria tradicional.
El monumento a Borges presenta pequeños problemas estilísticos, como la representación de la boca, y el mentón, o la dimensión de la cabeza, acaso un tanto grande para los usos de la estatuaria tradicional.
En 1955, cuando un Borges casi ciego ocupó el cargo de director de la Biblioteca Nacional, escribió que Dios, "con magnífica ironía" le había dado "a la vez los libros y la noche". El viernes, también en la Biblioteca Nacional, el destino, junto al escultor Antonio Oriana y la Fundación Industrias Culturales Argentinas, le deparará al escritor la suerte de su propio monumento. Una escultura de casi una tonelada (800 kilos de material reconstituido patinado con bronce), aspira a representar a Borges de cuerpo entero, cuando ya estaba ciego.

Años más tarde, el escritor relataría su llegada a la dirección de la Biblioteca Nacional: "...había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el 'Poema de los dones'". Vale la pena recordar que los más variados episodios de la vida de Borges, desde los dramáticos hasta los risueños, merecieron un comentario trascendente y casi siempre memorable. Sus anécdotas son inagotables. Pero resulta imposible imaginar qué diría acerca de esta vuelta a su viejo Paraíso y, ya no, como un espíritu que se entretiene con los libros, sino patinado como el bronce, sentado para siempre en el jardín con un tamaño que supera largamente su talla.

El monumento presenta pequeños problemas estilísticos, como la representación de algunos rasgos (la boca, el mentón), la dimensión de la cabeza (acaso un tanto grande para los usos de la estatuaria tradicional). Pero lo que en verdad incomoda es el gesto, la mirada un poco caricaturesca del ciego con un ojo perdido, que poco aporta sobre la genialidad del personaje y su poderosa fuerza creativa. La estatua deja en evidencia la inmensa dificultad que impone establecer una correspondencia entre las ideas y la imagen. Lo problemático del caso es que los retratos o representaciones virtuales, suelen suplantar a veces definitivamente la realidad. Por triste que sea la imagen de un monumento, si acapara la atención de la gente, llegará el día que con su peso sepulte una realidad que deberá competir con la de las fotografías que, en ocasiones, tampoco son fieles. Este problema está planteado por Borges en "Del rigor en la ciencia" donde habla de la dificultad que implica reconocer un mapa que nunca va a coincidir con el territorio.

Cabe aclarar que hasta el inspirado y talentoso Rodin cosechó feroces críticas cuando, en 1894, se presentó en Buenos Aires el monumento de Sarmiento (pagado por los ciudadanos en suscripción pública), que no le gustó a nadie. "Es difícil concebir algo más feo, vulgar, casi repulsivo y, por lo tanto, menos parecido a Sarmiento que el perfil de su estatua", publicaban los medios sin retaceos.

Algo similar le ocurrió al francés con la escultura de Balzac. Cuando le dijeron a Rodin que no reconocían a Balzac, él discutió: "¿Qué quiere decir que no se reconoce? Para mí la escultura moderna no debe ser una imitación de la fotografía. El artista no solamente tiene que trabajar con su mano sino, sobre todo, con su inteligencia". El gran interrogante que se plantea en el caso de Borges, si se comprende esa condición intangible consistente en la lucidez y el poderoso imaginario, es quién y cómo podría retratar el genio con justicia. La disciplina no atraviesa su mejor momento y, salvo Juan Carlos Distéfano, Norberto Gómez o el joven Adrián Villar Rojas, son escasos los escultores con reconocimiento público. No obstante, es preciso reconocer que Antonio Oriana, antes de modelar a Borges, supo encontrar el espíritu que le cabe a la figura de Benito Quinquela Martín, un yeso patinado de 3,6 metros de altura que fue emplazado hace justo tres años en La Boca, en la Avenida Pedro de Mendoza, también por la Fundación Industrias Culturales Argentinas junto a los ministros Lombardi y Santilli.

La epopeya de los monumentos argentinos en general, y peronistas en particular, es pintoresca y extensa. La estatua de Aristóbulo del Valle realizada por Lola Mora e instalada en el Parque Tres de Febrero, fue destruida por una bomba pocas horas antes del acto de inauguración. Luego, Borges deberá compartir el jardín de la Biblioteca Nacional con la estatua de Evita, monumento detestado por peronistas y antiperonistas, entre ellos Antonio Cafiero, Magdalena Faillace y Diana Saiegh, quien propuso reunir firmas para sacarlo de ese codiciado espacio público.

Valores

El monumento de Borges costó 200.000 pesos. La Eva Perón de Ricardo Giannetti tuvo un costo elevado: escaló a 4 millones de dólares, precio récord de entonces (1999), para la historia del arte de Latinoamérica, pagados por la Secretaría de Cultura. El mismo organismo erigió ese año, en los bosques de Palermo, el monumento de Juan Manuel de Rosas realizado por Ricardo Dalla Lastra con un costo de 3 millones de dólares. Entretanto, un genuino y bullicioso escándalo, con gritos y agravios, provocó el concurso para esculpir la estatua de Juan Domingo Perón que iba a ser emplazada junto al edificio del Correo Central. "Nadie se quería meter con Perón", informaron para justificar la desolación de un concurso que el jurado, de ser honesto, debería haber declarado desierto. Y es verdad, hay personalidades que intimidan.

Dejá tu comentario