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Borges sobre Xul Solar: un documento imprescindible
Xul Solar (arriba) y el estilo inconfundible de su obra plástica. Sobre él escribió Borges: “Sus pinturas son documentos del mundo ultraterreno, del mundo metafísico en que los dioses toman las formas de la imaginación que los sueña”.
Borges conoció a Xul Solar en 1924 y ya había debutado como crítico de arte en el año 1921. Los textos que van desde 1949 hasta 1980, dejan en claro que -si bien las bellas artes no eran su fuerte- el escritor valoró la sabiduría y también las enigmáticas obras de su amigo. "Sus pinturas son documentos del mundo ultraterreno, del mundo metafísico en que los dioses toman las formas de la imaginación que los sueña. La apasionada arquitectura, los colores felices, los muchos pormenores circunstanciales, los laberintos, los homúnculos y los ángeles inolvidablemente definen este arte delicado y monumental", sostenía Borges en el año 1980.
La lectura del libro revela intereses mutuos. Las afinidades con Xul, que según dice Borges, "pensaba en forma de mito, en forma de fábula, de dioses, de colores", se acentuaron con el tiempo. Rodríguez Monegal va más allá cuando habla de la "influencia" de Xul en la obra de Borges y, así, abre un campo de estudio inagotable.
El texto viene a cerrar en la Argentina, un año pródigo para Xul Solar en el territorio internacional. Para comenzar, en abril, la influyente Americas Society de Nueva York presentó la muestra "Xul Solar y Jorge Luis Borges: El arte de la amistad", curada por Gabriela Rangel (directora de Artes Visuales y curadora en jefe de la institución) con la colaboración de la escritora argentina Lila Zemborain (directora del departamento de escritura creativa en español en la Universidad de Nueva York).
"The New York Times" le dedicó un extenso artículo, considerado "consagratorio" por los conocedores. El diario neoyorquino dice sin vueltas que Borges está destinado a convertirse en una de las figuras literarias más influyentes del siglo XX, pero recién ahora su aliado más cercano, el excéntrico pintor Oscar Schulz Solari, está empezando a recibir el reconocimiento que Borges siempre propugnó para él". Gabriela Rangel, curadora de la muestra, explica: "Borges nunca dejó de expresar su admiración por Xul Solar, a quien consideraba un ciudadano del cosmos". Y así describe la exposición: "Se trata de un diálogo intelectual muy profundo y amplio entre dos personas, que todavía no ha sido plenamente valorado".
El estupendo catálogo de la Americas Society es un buen comienzo: reproduce todas las obras y presenta ensayos de Rangel, Maria Kodama, Baur, Patricia Artundo y Sylvia Molloy. Al ver la obras de Xul, todas con "calidad museo", queda a la vista que en la selección de la curadora predominó el criterio estético. Es decir, se tiende a considerar a Xul como un brujo, un astrólogo e incluso un mago, pero Gabriela Rangel eligió con un ojo educado, obras deslumbrantes. Sin resignar el misterio, la curadora pone en evidencia la maravillosa imaginación y la plasticidad de un artista "extraordinario y único".
"El arte de la amistad" explora la relación entre dos personajes que se comprendían y que gozaban de sus excentricidades. Xul era una rareza, una máquina de fabricar sueños, dueño de una biblioteca que no se agotaba en Occidente, era el amigo que con su inventiva le deparó a Borges una asombrosa felicidad verbal e intelectual. Ambos compartían sus conocimientos sobre lingüística, religiones, astrología o filosofía hermética, pero por sobre todas estas cuestiones, en el contexto de una ciudad que acostumbrada a arrancar lo propio para plantar lo ajeno, ambos aspiraban a recuperar la tradición criolla.
En "El tamaño de mi esperanza", Borges escribió: "Ya Buenos Aires, más que una ciudá es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen. Ese es el tamaño de mi esperanza, que a todos nos invita a ser dioses y a trabajar en su encarnación. No quiero ni progresismo ni criollismo en la acepción corriente de esas palabras". Y no es casual que dedique este libro a Xul, creador entre otras lenguas del neo-criollo, que toma palabras del inglés, el español y el portugués para facilitar la comunicación de una utópica "Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro".
Tampoco es casual que Xul haya ilustrado este libro y "El idioma de los argentinos", porque la coincidencia con Xul se basa en la búsqueda de una mitología propia. "Aquí no se ha engendrado ninguna idea que se parezca a mi Buenos Aires", decía Borges, mientras Xul agrega que "no terminaron aún para nuestra América las guerras de la Independencia". La exposición de Rangel emprendió viaje hacia Arizona, al Museo de Arte de Phoenix, donde se exhibe en la actualidad.
Entretanto, en el mes de mayo, el curador de la Bienal de Venecia, Massimiliano Gioni, incluyó varias piezas escasamente conocidas de Xul en la exposición central. La muestra de Gioni se inspiró en el "Palacio enciclopédico" de Marino Auriti, artista que en la década del 50 pretendió albergar todo el conocimiento humano en un lugar. Las cartas astrales, un juego como el Panajedrez, un esqueleto y 35 carpetas de recortes, se sumaban a las obras que recreaban ese museo imaginario de Auriti.
En Buenos Aires, el ministro Hernán Lombardi apoyó un proyecto de arte público que celebrar el talento de Borges y Xul. El camino entre la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y el Museo Xul Solar, está señalizado con obras de arte.
En las veredas aparecen las abstracciones de Mariano Ferrante; al elevar la mirada se divisan, flameando, las banderas de Daniel Joglar; los dibujos de Graciela Hasper resplandecen al caer la noche, mientras la iconografía de las pinturas de Xul Solar cobra la forma de un farol en la obra de Luis Terán.


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