21 de marzo 2016 - 00:22

Brasil: gana terreno en el Congreso la posición de destituir a Rousseff

• ASÍ LO SUGIEREN SONDEOS ENTRE DIPUTADOS.
• SI EL "IMPEACHMENT" ES APROBADO ALLÍ, EL SENADO YA NO SERÍA UN OBSTÁCULO.

Los grandes patos inflables se convirtieron en uno de los símbolos de las protestas callejeras contra Dilma Rousseff. Tras una primera aparición en Brasilia en octubre del año pasado (foto) el empresariado planea repetir el gesto con un muñeco de doce metros de alto. “Ya basta de pagar el pato”, reclamó Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp), en nombre de los hombres de negocios.
Los grandes patos inflables se convirtieron en uno de los símbolos de las protestas callejeras contra Dilma Rousseff. Tras una primera aparición en Brasilia en octubre del año pasado (foto) el empresariado planea repetir el gesto con un muñeco de doce metros de alto. “Ya basta de pagar el pato”, reclamó Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp), en nombre de los hombres de negocios.
Río de Janeiro y Brasilia - Comienzan a aparecer en Brasil indicios de que el juicio político contra Dilma Rousseff podría obtener las mayorías necesarias para destituirla. Por un lado, los partidarios del "impeachment" registran una leve ventaja numérica en la comisión de 65 diputados que debe dar inicio al proceso. En tanto, el Gobierno ordenó a sus legisladores jugar "a matar o morir" en la Cámara baja, convencido de que si el pleno de ésta vota posteriormente la acusación con los dos tercios requeridos, no habrá fuerzas en el Senado para evitar la caída.

Según una compulsa entre los 65 diputados de la comisión especial, realizada por la consultora Arko Advice, 32 integrantes de esa comisión apoyan el "impeachment" contra 31 que lo rechazan y 2 permanecen indecisos.

El estudio se realizó el jueves pasado, cuando la comisión acababa de conformarse para evaluar si hay motivos suficientes para enjuiciar a Rousseff por presunta manipulación de las cuentas públicas.

En otro hecho clave, el presidente y el relator de la comisión son aliados del mayor enemigo de la mandataria: el presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, sospechado a su vez de corrupción.

El empate técnico entre las dos partes dista, sin embargo, de marcar líneas divisorias infranqueables. "El panorama puede cambiar muy rápidamente", dijo el director de Arko, Murilo de Aragao, quien observó que en la Cámara de Diputados, que deberá aprobar o rechazar el parecer de la comisión, hay cada vez más legisladores que consideran inevitable la destitución de la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT).

Según otro sondeo de la misma consultora, realizado entre el 15 y el 17 de marzo con un muestrario de 100 diputados de 23 partidos políticos, "un 62% aprobaría un 'impeachment'", más del doble que en febrero (24,5%). "En apenas tres semanas, el resultado casi se triplicó, subrayó Murilo de Aragao.

La postura favorable al juicio político avanza también en la opinión pública. Una encuesta de Datafolha publicada el sábado indica que un 68% de los brasileños quiere que Rousseff sea destituida, frente a un 60% un mes atrás.

La comisión de 65 diputados someterá su parecer después de quince sesiones, la primera de las cuales se llevó a cabo el viernes.

Una recomendación favorable a un juicio de destitución debe ser aprobada por los dos tercios de la Cámara (342 de 513 diputados) y, si ello ocurre, ratificada por mayoría simple en el Senado (de 81 escaños). En ese caso, Rousseff sería automáticamente suspendida de su cargo por un plazo máximo de 180 días. Y su destitución definitiva ocurriría si el Senado la votase al cabo de todo el proceso, esta vez por mayoría de dos tercios (54 senadores).

Todos los demás asuntos de interés para un país hundido en la mayor recesión en un cuarto de siglo y sacudido por la peor crisis política desde la restauración democrática, en 1985, quedaron relegados.

El presidente del Senado, Renan Calheiros, referente del ala del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) aliada del PT, era hasta hace días la última esperanza del Gobierno para eludir el juicio político. Pero parece que no lo es. Según informó ayer el diario O Estado de Sao Paulo, el senador dijo que si los Diputados elevan el impeachment a juicio, se producirá una "ola" en el Senado que derivará inevitablemente en una destitución.

Hechos puntuales ocurridos en la última y vertiginosa semana influyen en un posible "cambio de lado" de Calheiros, aliado del PT desde que en 2003 Lula asumió el Gobierno y sospechado también en e "Petrolão".

Conversaciones telefónicas de Lula interceptadas con autorización judicial -cuya legalidad está en tela de juicio- avivaron la debacle que acaparó con exclusividad las atenciones del Gobierno y dieron razones para que Calheiros se sienta ofendido. "Renan está jodido", se escucha decir a Lula en los audios cuya divulgación tuvo el efecto de una bomba de racimo: echó por tierra, en forma provisoria, la designación de Lula como jefe de gabinete, alimentó suspicacias de que el nombramiento fue para que se beneficiara con fueros y dejó a Rousseff bajo sospecha de querer interferir en el Poder Judicial. Esto sin contar que los hechos azuzaron la indignación de la población.

Es tal la certeza en Brasilia de que Rousseff no sólo no terminará su mandato en 2018, sino que el final está a la vuelta de la esquina, que según publicó ayer el diario Folha de Sao Paulo, partidos opositores ya conversan con el vicepresidente Temer -quien asumiría en su lugar- sobre "el día siguiente" y sobre nombramientos en un eventual gabinete.

Miembros de los principales partidos de oposición -el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB); el derechista Demócratas (DEM) y el conservador Partido Popular Socialista (PPS)- ya declaran públicamente apoyo a Temer, cuyo partido, el PMDB, es el mayor socio del Gobierno, pero se apresta a abandonar al oficialismo.

Agencias AFP y DPA,

y Ámbito Financiero

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