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Brasil: hay más de 700 muertos por las lluvias
Relatos como el de la madre que salvó la vida de sus hijos cavando con las manos hasta quebrarse los dedos, o del padre que pasó dos días enterrado junto a su hijo de 15 meses alimentándolo con saliva, se mezclan con noticias de gente dedicada a robar los alimentos destinados a familias enteras que, aisladas desde hace días, claman por un vaso de agua.
Tras las denuncias de desvío de donaciones, tres personas fueron presas por ese delito. Una de ellas trabajaba como conductor en la Universidad de Río de Janeiro y usaba el vehículo con placa oficial para perpetrar el robo.
En la zona del desastre, hombres armados con palos y silbatos pasan la noche en los alrededores de los restos de lo que alguna vez fueron sus casas, para evitar la acción de saqueadores, según reportó el diario Folha de Sao Paulo.
«Desde la semana pasada vigilamos las casas para evitar robos. Sé que todas están condenadas, pero vamos a preservar lo que tenemos», dijo uno de los miembros de las brigadas de vigilancia. Mientras, el Gobierno brasileño continúa tomando medidas urgentes, como la creación del Comité de Emergencia para la protección de niños y adolescentes víctimas del desastre.
Como contrapartida, relatos de sobrevivientes instalados en los muchos refugios improvisados para albergar a las familias que perdieron sus casas reflejan que la solidaridad y el optimismo también se hacen presentes en medio al dolor.
«Fue salir (de la casa) y todo se cayó delante nuestro. Pero estamos aquí, con vida, estamos felices», contó una refugiada al portal G1 de la Red Globo. La mujer, madre de ocho hijos, agregó a propósito de su optimismo: «Tiene que ser así. Si pongo cara de tristeza, voy a poner tristes a los otros».
Por otro lado, quienes tuvieron la suerte de sobrevivir enfrentan otros horrores. Aquellos que lloran la muerte de uno o más familiares, pero que tienen «la suerte» de haber dado con sus cuerpos y además que éstos hayan sido identificados -algo que no todos lograron hasta ahora-, deben soportar largas horas de espera, incluso días, entre el olor nauseabundo de los cadáveres, para que los cuerpos de sus seres queridos sean liberados y poder enterrarlos.
Ante la irritación de los familiares, los médicos del Instituto Médico Legal, que cuenta con «solamente» seis cámaras refrigeradas y donde los cadáveres llegan en camiones, se declaran desbordados. La otra cara de la tragedia la componen los niños. Están los que perdieron a uno de sus padres, los que perdieron a ambos, y los que además están heridos con distintos grados de gravedad.
Agencia DPA


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