- ámbito
- Edición Impresa
Brasil II: economía 1% en 2017 y ya no hay recesión
festejo. El presidente brasileño Michel Temer celebró el resultado (vía Twitter) y anunció 3 millones de nuevos puestos de trabajo.
Otro capítulo débil de 2017 fueron las inversiones, que cayeron al 15,6% del PIB, desde el 16,1% registrado el año precedente. Tras la debacle de 2015 y 2016, Brasil controló la inflación y comenzó un ciclo de recortes de la tasa de interés que la llevó a su actual mínimo histórico de 6,75%. Pero aún lucha contra un desempleo elevado, que golpea a 12,7 millones de brasileños, y un déficit fiscal creciente alimentado por el costo de las jubilaciones.
El Gobierno fracasó en su intento por reformar el sistema de previsión social, un objetivo que se autoimpuso como vital para su gestión. El traspié llevó a S&P Global Ratings y a Fitch a rebajar la nota de riesgo soberano de Brasil. Sin la reforma en el horizonte, el frente fiscal es un problema de primer orden en el corto plazo. Brasil cerró 2017 con un déficit fiscal de 110.583 millones de reales (unos 34.638 millones de dólares, al cambio promedio de ese año), debajo del techo de la meta oficial, pero uno de los peores resultados de la serie histórica.
Las estrecheces financieras coinciden con un ambiente político crispado por escándalos de corrupción que incluyen al propio Temer y a algunos ministros. Ese clima anticipa un proceso turbulento hasta las elecciones del 7 de octubre. Desde que el exmandatario de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), líder holgado en los sondeos de intención de voto, fue condenado en enero a más de doce años de cárcel, los mercados reaccionaron con euforia, pero de momento ningún precandidato que haya levantado las banderas económicas del Gobierno es favorecido por las encuestas. Tanto, que en el Palacio presidencial de Planalto comenzaron a especular con lanzar al propio Temer, el mandatario más impopular de la historia reciente.
Temer, que adoptó un programa económico ortodoxo tras suceder a la expresidenta de izquierda Dilma Rousseff, destituida en 2016 por maquillar las cuentas públicas, negó que aspire a un segundo mandato, esta vez a través de las urnas.

